Posteado por: Diego Grillo Trubba | 5 marzo, 2008

La peor cita de tu vida: Nicolás

No sé si técnicamente es una cita y aclaro que no pertenece a mi vida adulta, pero me parece que vale la pena porque significó un gran adelanto de lo que sería mi relación con las chiquillas a lo largo de mi “carrera”, que me dio varias citas, que en suma me destrozan, creando un vacío mas groso que el que sirven en cualquier parrilla porteña creada para turistas.

Esto ocurrió en 1990, durante los partidos inolvidables del Diego y Cani en el Mundial ’90. Tenía 11 años y con mi vieja, separada en el ’80 vivíamos en Ezeiza, en la casa de una tía que se casó en la época de la gorra, y que prefirió ir a colonizar los territorios de Ezeiza, a esa altura despoblados al mango; el único asfalto que había era en las pocas avenidas y en la pista del aeroparque.

Mi tía tenía tres hijas, y yo, la edad de la del medio; yo iba a un sexto (el “A”) y ella al otro (el “B”), pero como en ambos éramos pocos y nos conocíamos del barrio, estaba todo bien entre ambos (no como otras experiencias en las que el A y el B se odian peor que judíos y musulmanes).

Después de revolotear por muchas casas, alquiladas, la casa de mis abuelos, y la casa de novios de mi vieja, ell y yo caímos en la casa de mi tía, hacia el año 1989, en el que me instalé e hice amigos, tanto en el barrio como en el colegio (que era una sucursal del barrio). Cursé quinto grado sin problemas (mi vieja me adoraba de pendejo porque no me tenía que explicar matemáticas ni nada, yo era un pequeño autodidacta y rompía mucho las bolas a las maestras porque “mi vieja laburaba” y no podía ayudarme con la tarea). En el grado estaban los polentas y los boludos, y ya desde ese momento, yo no pertenecía a ningún bando. Les tiraba ideas a los bardos, no jodía a los boludos y me llevaba bien con todos, creo que a causa de que tenía la sensación de estar solísimo, salvo mis primas que no cortaban ni pinchaban, entonces no había que generar muchos disturbios; mi vieja castigando era dura, y si bardeaba perdía la libertad, por un tiempo, de jugar al fútbol, cazar pajaritos… bah, callejear.

Con respecto a las “chicas” del grado, para mí eran todas iguales, salvo dos (Samanta y Giselle), dos pendejas que hoy deben rajar la tierra, si no es que ya tienen cuatro pibes como el promedio de lo que calculo que tienen todos mis compañeros (digo “calculo” porque nunca más vi a nadie… apenas veo de vez en cuando a mis primas). Yo me acercaba, hacía la tarea con ellas, trataba de seducir con lo único que tenía, que era cierta facilidad para hacer la tarea, pero ellas ni se inmutaban; terminaba el día, formábamos fila, Oración a la Bandera y venían los viejos de ambas y se las llevaban en auto, y yo empezaba a caminar a lo de mi tía.

Entre las demás, las “iguales”, estaba ROMINA. Romina era una piba que a decir de todos estaba loca por mí, como yo lo estaba por cualquiera de las otras dos; tenía hermanas más grandes y se ve que por eso la progesterona le había subido rápido a la cabeza, o simplemente quería imitar a sus hermanas, no sé. Romina era morochona, hija seguramente de un hombre de provincia de la zona. Aclaración: en mi barrio había mucha gente que venía del interior: el verdulero era de Santiago, el que vivía al lado de mi tía era rubio de ojos celestes, y venía de una zona llena de alemanes que hay en Chaco, mi tío era de Santa Fé, etc. Así que Romina, siguiendo esta descripción era hija de un hombre de provincia, y tanto ella como sus hermanas eran morochonas y lindas; bah… hoy me parecen lindas ya que en ese momento no me gustaba.

Así que en resumen la situación era que yo me conformaba con alguna de las dos que me gustaban, y que Romina estaba atrás mío. Y, dato fundamental, como dije insinué antes, Romina iba al frente.

En los días que pasaron entre el partido de Brasil (el del gol de Cani) y el de Yugoslavia (donde Diego pifió un penal), entre conversaciones sobre “qué bien que juega Maradona”, “cómo corre Canilla” y con la horrible pero potente sensación de que en cualquier momento quedábamos afuera, EL tema de conversación se transformó en el “asalto” que Romina iba a hacer en su casa por su cumpleaños de 11, el mismo sábado que Goyco atajó los dos penales que milagrosamente nos transportaban a la semifinal. Es decir, llegado el viernes, en el colegio se vivía la previa del asalto y la previa de Cuartos de final contra Yugoslavia.

Si bien mis compañeros estaban a full porque era su primer experiencia, yo ya había ido a un par en mi barrio anterior en Valentín Alsina, y no la había pasado 100% bien porque siempre se terminaba haciendo lo mismo: jugando al fútbol (que visto desde el punto de vista de un pibe de 10 años, era pasarlo 100% BIEN). Pero éste era especial porque era el cumpleaños de Romina, lo que implicaba que iba a estar su familia, quiero decir sus hermanas más grandes y primas, y porque yo a esa altura los conocía a casi todos. Y la razón fundamental: que iban a ir Samanta y Giselle.

En MI sábado ideal estaba el triunfo ante los yugoslavos, la rehabilitación del Diego que estaba jugando “infiltrado” (que, aunque yo no sabía qué era, sabía que era muy jodido), que mi tío no se diera cuenta que le iba a afanar un toque de perfume “Continental”, y que me dé bola alguno de mis dos “objetivos”, entre las que me iba a decidir en la fiesta, en el momento indicado. En ese momento pensaba que solo yo había interferido para que las dos fuesen al asalto, haciendo mas lobby que Tinelli en San Lorenzo, pero hoy me doy cuenta que en un clima mundialista como ése, en un barrio como ése, se generaba una gran euforia y motivación con el menor atisbo de, digamos, cualquier evento colectivo. Y digo que lo pensé porque les hice mucho la cabeza a Samanta y Giselle, por separado, obvio, para que vayan a la casa de Romina, haciéndome el grande, porque yo ya había ido a unos asaltos en mi otro barrio, y les decía que se pongan lindas, mas de lo que ya eran (ok… soy un cursi… desde pendejo) y que yo iba a llevar unos cassettes (me considero melómano desde ése momento) que tenía: el de Madonna, que no sé cuál era pero tenía “La Isla Bonita”, y uno que le había afanado a otro tío mío y que cambiaría radicalmente mi mínima concepción de la vida unos años después: “Nevermind the bollocks”.

Vale decir que mi tío, el afanado, murió en los días posteriores a mi hurto, y yo se lo afané porque estaba entre dos de algo que por entonces no conocía pero que mis tía/os y mi vieja bailaban: The Rolling Stones. Vale decir otra cosa al margen: los Pistols sonaron 30” en el asalto… nadie (me incluyo) lo toleró, pero yo me lo guardé… hasta que cumplí 14.

Por otro lado, en los dos sextos había un gran alboroto porque, según me detallaban mis primas, LA CHICA DEL CUMPLEAÑOS PREGUNTABA POR MI ASISTENCIA. Y yo no estaba ni un poco preparado para ser atacado por una chica. Podía tratar de acercarme a alguien como Samanta o Giselle, pero para ser amigos –tenía 11 años-, y medio como que me daba vergüenza ser una presa de una chica “preparada” como Romina. Además sentía lo que todavía siento ahora con muchas minas en muchas ocasiones: no me gustan, y si no me gustan, no me gustan y no puedo hacer nada. Hasta ése momento, nadie sabía de mi NO-CORRESPONDENCIA con Romina. Al parecer, el cumpleaños-asalto había sido armado para involucrarme a mi con Romina, con la complicidad de todos mis compañeros, mis primas y demás (hasta me parece que la maestra estaba metida), excepto Samanta y Giselle, que eran hermosas, pero “dormían” mal.

Pensaba que mi buena onda con todos, mi buen desempeño en las tareas, mi experiencia en asaltos, y mi, a ésa altura, gran conocimiento musical me tenía que rendir frutos con Samanta o con Giselle.

Pero el sábado, rápidamente, lo que pensé que había armado cuidadosamente sin dejar cabos sueltos, se empezó a desarmar cuando el papá de Giselle, mas conservador que Alsogaray, vió toda esa gente en la casa de Romina, algunos ya adolescentes, olor a procacidad, el tipo pensaba que no era un cumpleaños cualquiera con piñata, globos, bolsita y todo lo que un conservador de barrio pobre pretende, y le dijo algo que cortaba casi de raíz mis posibilidades y que hoy no me olvido: “En una hora te paso a buscar”. Amargo. Una hora!!! Pobre de mí!!!… No podía acercarme en una hora, era muy poco tiempo en un asalto. Y yo, ya desde ése momento, era (y soy) técnicamente lento. Y todo lo que puedo decir con respecto a Giselle es que a la hora la pasó a buscar el pudiente del padre en su Reanult 9 flamante. Y yo creo que hoy, ésa piba no debe saber nada de lo que pasó después.

Con respecto a Samanta, los padres eran un toque más “normales”: la madre era maestra y el padre jugaba al fútbol en el equipo de veteranos de mi tío, asi que tal vez era más viable la conquista.

La cuestión fue que apenas la trajeron los padres al asalto, ella buscaba con sus ojos a Giselle, yo la buscaba a ella con los míos, con mis cassettes en el bolsillo de mi pantalón rojo (si… pantalón rojo… todavía “me vestía” mi vieja) pero no la pude encontrar porque ell ni se avivó que yo la miraba apenas entró. Al toque que se juntaron las dos amigas, los zánganos de la cuadra de Romina, invitados al asalto, mientras se pegaban entre ellos decían cosas de “mis chicas”, lo cargaban a uno porque le gustaba Samanta y demás tonterías de pibes de 13 años.

Yo estaba al lado de mis primas pero me aburría que ellas me carguen con Romina porque yo no sabía nada todavía, y algunos me miraban y de vez en cuando me sentía un cacho observado, sobre todo por los familiares de Romina, que estaban verdaderamente de cumpleaños: se habían reunido al mediodía, habían visto el partido de Argentina, y a eso de las 6-7 de la tarde habíamos empezado a caer los del asalto.

Sonaba música, cumbia; algunos bailaban, las chicas en una esquina, los chicos en otra, yo con mis primas y las manos en los bolsillos buscando mi oportunidad. En eso se arma lo que después conocería como POGO con un temita de Los Intocables que en ése momento estaba de moda, y me sentí arrastrado por la masa a saltar y a intentar en vano bailar con cierta gracia (todavía mantengo la no-gracia). En eso veo que se acerca al medio de la “pista” la manada con Romina “haciéndose” la que no quiere y nos dejan cara a cara. Yo me quería matar, o desaparecer. No me gustaba (repito que hoy me imagino que debe estar buena) y no podía hacer nada. Todos se reían y yo no podía pilotear la situación. Me hice el boludo, seguí saltando buscando complicidad con mis compañeros que tenía al lado y el primer round, poquito a poco había terminado, y lo había sacado barato. Lo hice bastante bien por mi inexperiencia, y me senté de nuevo. Y pensé. Pensaba que ahora tenía dos problemas: acercarme a las dos mas lindas, y repeler el ataque feroz que se hacía sentir de Romina, que como ya dije, iba al frente.

Estaba tomando jugo cuando de repente vi el primer bajón de la fiesta y era la partida de Giselle en el Renault 9 del amargo del padre, que la sacó de ahí como si fuese el infierno, y como mucho después repetiría en forma casi sistemática me dije: “ah… no me importa que se haya ido… igual era una boluda”. Luego de eso, nunca mas vi a Giselle con los mismos ojos que antes. No me gustaba más.

Me acerqué a la mesa de la comida, agarré unos chizitos, y celebré que Romina estaba entretenida adentro de su casa con su familia, y también aproveché eso para acercarme a mi prima que, en el otro sexto tenia como compañero a un vecino de Samanta; pensaba que acercarme a él iba a ser como dar el primer paso hacia ella. Me hice el boludo (cosa que aún hoy hago con maestría) y me puse a hablar con mi prima y con el pibe en cuestión, le decía Kechu porque el nombre era Pedro, que en ese barrio era para que te carguen. Llamé a “mis” amigos/conocidos para que se sumaran a la charla ficticia de nosotros tres, pero con la lejana intención de que Kechu invitara a “sus” conocidos, una de las cuales era Samanta. Como después me iría a pasar mas de una vez, logré lo primero pero no lo segundo, y mi prima, a Kechu y a mi se nos sumaron chicos y chicas, y empezaron a bailar entre ellos. Y digo “empezaron” porque yo me corrí varios metros para el lado de la puerta, donde estaba Samanta, a la que sin pensarlo mas me acerqué y le pregunté de una cómo le había ido con la tarea. Luego descubriré métodos aún peores de acercarme a las chicas, pero para 11 años no estaba mal. Y de repente me encontraba hablando con Samanta de matemáticas, de la maestra, de que me gustaba Madonna y corrían los chizitos y el jugo, como después correrían las birras. En un momento en el que no sabía qué hablar (con los años me fui haciendo un vicioso del quedarme sin palabras en esos momentos claves) se me ocurrió que era hora de PUBLICAR que tenía cassettes en mi bolsillo, que uno era de Madonna y que tenía “La Isla Bonita”, para dejarle en claro a Samanta lo copado que yo era.

Se armó flor de baile… “i fell in love with San Peeeedro”… y todos lo señalaban a Kechu riéndose. Yo la miraba a Samanta y se me partía la cara, creo que viéndola bailar me enamoré. Me fui a sentar rápido al lugar donde estábamos antes como invitándola a que haga lo mismo, y lo hizo pero también el Peta y Norberto, dos compañeros. Nos señalaron y empezaron a burlarse de nosotros como si fuéramos novios. A mí me daba vergüenza pero me re cabía. Ella, no acusaba recibo. Se fueron. Y después de lo que el tiempo me va a enseñar como “un largo silencio incómodo” ella dijo algo como:

  • Que tarados que son, no?… A mí vos no me gustás, pero me junto con vos porque sos re inteligente.

Y la vida comenzó de esa leve pero contundente forma a malograr mis citas.

Y como todo, el reverso está en lo que pasó después.

Con el sabor amargo en el jugo de naranja, y con menos palabras que Bush cuando le informan que cayeron las torres, traté de que mis compañeros vinieran al lado nuestro a hacer bulto. Y pensé que tuvo efecto, mucho efecto cuando vinieron todos hacia donde estábamos nosotros y en el medio estaba Romina. Otra vez me sentí profundamente intimidado y encima me la tenía que re bancar porque la mina que me gustaba y que me había rechazado antes de intentarlo estaba al lado mío. No supe qué hacer, y como me sucederá muchas veces con el paso del tiempo, huí. Me metí en el baño, y la loca de Romina, aprovechando que casi toda su familia estaba adentro porque hacia frío, y con las multitudes aclamando, se metió en el baño atrás mío. Estábamos los dos y ella me acercó su boca. Yo no atinaba a pensar nada. Me acordaba del Peta, de Norberto, de mi prima; todos me decía que Romina podía ser mi noviecita. Y podía serlo. Pero no me gustaba. La que me gustaba no estaba en el baño, ni hubiese entrado en ningún caso.

Romina me besó. Y yo no supe qué hacer otra vez, no estaba preparado… posta necesitaba a mi vieja, o a mi tío por lo menos. Y me fui a la mierda. Abrí la puerta, empecé a caminar sin titubear ni escuchar lo que me decían ni sus carcajadas e hice las 15 cuadras que separaban la casa de Romina, enfrente del colegio, de la casa de mis tíos, donde vivíamos con mi vieja.

Y después de contestar a la pregunta “¿Porqué te viniste?” con un rotundo “Estaba aburrido”, así como estaba me fui al campito a jugar al fútbol, con amigos. Con el tiempo me voy a ir dando cuenta que a “bajón amoroso” le sigue “reunión con amigos”. A mi vieja no le importó, me cagó a palos igual porque había ensuciado mi ropa de salida. Me bañe y me fui a dormir cuando mi tío fue a buscar a mis primas después que yo rechacé su invitación a que lo acompañe. Cuando llegaran mis primas tenía que estar durmiendo si o si.

Terminó el Mundial con la cara de un jugador de Fútbol, el mas groso de todos, repleta de lágrimas y gesto de “nos re cagaron”. Y no solo a nivel futbolístico nos habian cagado en ese invierno. Y no solo a él lo había abandonado “el barba”. A mi también. Era la segunda vez que me había abandonado. La primera fue cuando me sacó a una suerte de hermano mayor que tenía en la casa de mi abuela. Y a mi vieja también la abandonó, por vez Nº 1000. Y ahí sentí que ni Argentina, ni yo ni mi vieja podíamos salir campeones

La pelea del domingo de la final entre mi vieja y mi tía hizo que volvamos a la casa de mi abuela en Valentín Alsina al retomar las clases luego de las vacaciones de invierno.

Me adapté bastante fácil al nuevo colegio. A lo que todavía no me puedo adaptar es al destino éste de no salir campeón.

That’s all, folks!!!

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Responses

  1. Che Nicolás me encantó!!!!!
    El relato emana ternura por donde lo mires.

  2. No sé si califica como cita pero me pareció muy tierna. Yo me acuerdo que en mis “asaltos” la previa en el colegio era armar las parejas que después se concretarían (o no) a la noche jugando al semáforo… cualquiera. Parece que mi generación es un poco más precoz, menos que las de ahora, obvio.
    Pensandolo bien, yo no sé por qué iba a esos cumpleaños si ni siquiera me gustaban. Todavía no entiendo como a los 11 años tenía compañeros que ya estaban de novios!!!

  3. Así que en la peor cita de tu vida una morocha atrevida te encerró en el baño para atracarte.

  4. Creo que fue Borges el que dijo algo así como que hay un instante de nuestras vidas que sentimos que una verdad se nos revela, y esa verda va a ser la que signará parte de nuestra existencia. Destino?
    Me gustó tu relato, muy tierno, la música, los colores, todo lo que escribís transportan a esa época, a ese mundial.
    Yo a los 10/11 años tuve una experiencia que hizo que el futuro se me revelara. Un noviecito, entre lágrimas, me pegó una bife, bien puesto, porque en su ausencia había besado al hermano de 13 de mi profe de teatro. Después de esa cachetada me fui caminando sola por una calle de mi barrio con la certeza que nunca en mi vida iba a poder ser fiel, o al menos me iba a costar serlo…

  5. La verdad, aunque no califica como cita, es muy muy tierna, y está muy bien contada…linda simpleza y lujo de detalles!
    Qué buenas épocas, que vuelvan los asaltos, los chizitos y los cassettes!

  6. Me encantó, Nicolás. Me dejó con una sonrisa (apartando el hecho de que para vos en ese momento fue algo malo).

  7. ¡Qué lindo! Me gusta cómo vas tirando líneas desde ese episodio a lo que fue tu vida después y ese clima dulciamargo de todo el relato.

    Y siguiendo a Mariano, parece que encima fuiste atracado por una morocha a la que le gustaban los inteligentes.

  8. Hola! La verdad que un hermoso relato, que como dicen casi todos, nos transporta muy bien a la época de nuestras fiestas de primaria.
    Quién no ha sufrido un desplante por algún niñito/a? ja!
    Besos, Vero.-

    P.D: y como dice una canción por ahi ¨…lo importante (y yo agrego ¨en la vida¨) no es llegar primero, sino saber llegar…¨

  9. Digno de un episodio de “aquellos años felices” (o algo asi se llamaba)

    muy bueno!

  10. Lo bueno fue que no volviste a ver a Romina, aunque muy lanzada la niñita hee!! 😀

  11. Muy buena tu historia… Realmente me hiciste acordar a esos años de los asaltos… muy linda historia!

  12. Faltó el juego de la botella! 😉

  13. Mi linda historia, super inocente y tierna.

  14. Coincido con todos, que tieeernooo!! Además por lo que cuenta la historia sos apenas un poco mayor que yo, así que la época en la que está ambientada el relato me resulta muy familiar, me da mucha nostalgia y ternura. Por otra parte me parece asombroso como te acordás de lo que sentías siendo un nene, es de lo más vívido. Muy buen relato!!

  15. Llegué tarde, pero muchas gracias a todos.
    Me empecé a acordar y en el medio lo iba “adornando”, y yo me sentí realmente en ése lugar… cuando contaba lo del baño, lo estaba viviendo por 2ª vez en mi vida.
    Nunca escribo nada, asi que la sensación es doble.
    Ally, lunis, jes, 99, alevs, muchacha pies de gorrión, gi, mariano, cielo azul, gaby, romina, ana c, vero…. y a Elemental por la onda.

  16. Un toque repetitivo a veces, pero bueno.


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