Posteado por: Diego Grillo Trubba | 18 febrero, 2008

La peor cita de tu vida: La 99

Nos conocimos en los albores del nuevo siglo allá por el fin del mundo. Estábamos los dos de vacaciones, solo que yo había recorrido solo 3.000 km para llegar ahí y él unos 15.000. Frank venía de un país del viejo continente (bastante primer mundo). Gracias al email, al Messenger y demás, nos mantuvimos en contacto. Si yo tenía oportunidad de viajar al viejo continente, tratábamos de encontrarnos de alguna forma en algún lugar. Lo mismo si él venía por los sures. Inclusive estuvo por trabajo viviendo bastante tiempo en San Pablo, lo que nos dio la oportunidad de encontrarnos tanto allí como en Buenos Aires. Esos contactos generaron una amistad con derecho al roce de la cual, al menos yo, disfrutaba mucho.

Las vueltas de la vida me llevaron a mudarme a un país del primer mundo, otro distinto del de Frank, pero bastante más cerca que Buenos Aires. Esto nos permitió encontrarnos nuevamente, aunque no más frecuentemente que antes dado nuestras ocupaciones. Vivo actualmente en una zona al borde del mar, por lo que la playa siempre me queda cerca a pesar de haber cambiado tres veces de departamento en tres años.

La primera vez que Frank me visitó, hacía poco que vivía por aquí, por lo que no había estado el suficiente para haber aprendido el idioma de este país. Utilizando el inglés podía arreglármelas bien.

Junio. Noche de verano en el hemisferio norte. Salimos a tomar algo con una pareja amiga mía. Bueno, lo de algo es una forma de decir. De donde Frank viene, se toma mucho, sobre todo cerveza, por lo que para él es muy común comenzar a beber cerveza a las 3 de la tarde y las 10 de la noche no mostrar síntomas de borrachera. Sin embargo esa noche no fue el caso. Pedimos algo que se conoce como “jirafa”, que es un tubo alto de vidrio, de unos 4 L, lleno de cerveza. No una vez, pedimos 2 veces. Esa vez sí, podría decir que Frank estaba borracho, al igual que yo y que la pareja amiga.
En este país los bares cierran temprano. A las 2 de la mañana, es hora de “taza, taza, cada cual a su casa” como decía mi abuela. La chica de la pareja amiga insistió en que nos quedáramos a dormir en su casa, ya que la mía quedaba un poco lejos del centro. Pero me pareció mejor irnos a casa, así que tomamos el bondi y nos fuimos a mi depto. A los 2 minutos de estar en el depto, Frank me dice si vamos a la playa. Como ya les conté mi depto. quedaba cerca, a una cuadra de la playa, y así borrachos como dos cubas, nos fuimos.

Nos sentamos en la playa mirando el cielo estrellado. A pesar de la borrachera, pintó mimos. Mimos que llevaron a besos y caricias, y caricias que llevaron a tocarnos, sacarnos la ropa y a poner el ambiente cada vez más caliente, a punto caramelo. Mi borrachera y mi excitación no me dejaban pensar en nada, ni nadie, ni donde estábamos… hasta que alguien me empezó a devolver a la realidad…

Alguien se acercó y en el idioma local dijo algo que parecía ser, según pude entender con mi pobre conocimiento del idioma local, “así que lo disfrutaron?, ahora van a ver”. Me doy vuelta y esa persona se va corriendo hasta un banco tipo de plaza al costado de la playa, donde había otra persona sentada, y desde donde nos podían ver. Miro mas allá y veo a tres personas corriendo hacia nosotros con una linterna encendida y diciendo en el idioma local “quietos ahí, la policía” o algo así.
No sé que pensé en ese momento, no sé si pensé algo, aunque algo debo haber pensado porque me tapé como pude. La policía empezó a hablar y le dijimos que hablábamos inglés. Claro, los policías del primer mundo, además de ser delgados y atléticos, hablan inglés. Nos dijeron que estábamos violando la ley y que debíamos ir con ellos: mi primera vez en cana, y encima por “exhibicionismo público”.

En el camino el policía nos dijo que un vecino había llamado (seguro, eran esos del banco: se divirtieron un rato con nosotros). Cuando llegamos a la comisaría, nos midieron el nivel de alcohol a ambos: si bien yo estaba por encima del límite, Frank superaba todo límite ampliamente. Esto significaba lo siguiente según nos informaron: con esos niveles de alcohol no podíamos declarar y debíamos pasar la noche allí hasta que el alcohol bajara. Pasar la noche ahí no significaba que nos íbamos a quedar sentados por ahí en algún banco: implicaba un calabozo para cada uno por separado. Las chicas con las chicas, los chicos con los chicos.
Por lo tanto, me sacaron todo los elementos que traía como corpiño, reloj, anillos, llaves, los cordones que tenían las sandalias para atar en los tobillos, etc., y me metieron en una celda, con otra chica, que según me dijo (en inglés también) estaba ahí por haberle pegado a otra mujer. Pensé por un momento, espero que no se ponga nerviosa de nuevo y se la agarre conmigo… El calabozo tenía graffitis pintados, no precisamente con pintura y la situación era de por sí muy bizarra.

Pasó la noche, mi compañera se fue, nos trajeron el desayuno, el sol se veía por una ventanita, Frank gritaba desde su celda, dos pisos más arriba, que lo dejaran salir, que quería llamar al consulado de su país. Y en eso me vinieron a buscar para tomarme declaración. Me trajeron a un policía que hablaba español y todo quedó bien: sin legajo, sin mancha, sobre todo en las huellas digitales. Luego fue turno de Frank y nos dejaron partir, saludándonos afectuosamente y recomendándonos que la próxima vez lo hiciéramos entre cuatro paredes.

Recién cuando nos fuimos me di cuenta de lo que había pasado. Que nadie sabía que estábamos ahí y que podríamos haber pasado más horas ahí sin que nadie lo supiera. Me preguntaba que hubiera pasado si hubiera caído en una comisaría de la Policía de la Provincia. Me llevó un tiempo mirar este episodio como una experiencia y reírme y hacernos chistes con Frank al respecto. Lo que iba a ser una cita de placer y excitación, terminó en la comisaría de un país no tan conocido por ese momento para mí. Así que después de eso, con Frank o con otro, nunca más al aire libre.

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Responses

  1. Jajajaja, increíble.
    Lo peor es que acá no caen los que roban pero sí los que cometen “delitos” menores al aire libre, en eso somos bien primer mundistas.

  2. ¡Pucha! Y yo que te pensaba invitar a dar un paseo por la playa…

  3. y de curiosidad nomas, donde fue el hecho? no sea cosa de caer en cana…

  4. eliana: en Argentina también me hubieran llevado por algo similar?
    Crab: para un paseo solamente, no hay problema…
    amstel: el no nombrar países, ciudades y nombres verdaderos fue adrede… lo único que te puedo decir es que limita con el país de donde proviene la cerveza con tu nick 😉

  5. Cómo me jode la gente que no come ni deja comer,Que jodidos los vecinos,lo peor que seguro lo disfrutaron.
    Al menos andá a una playa desierta.

  6. Un vecino que llama a la policía = Un vecino que no tiene vida y que dedica su tiempo a cagarsela a los demas.

  7. gise: eso me había parecido, que la playa estaba desierta, pero por lo visto no.

  8. 99 creo que si, que es posible. Porque cometiendo delitos menores o en defensa propia en este país es más probable que vayas preso que si matás a alguien tratando de robarle. En mi opinión igual.

  9. ok! ya se que no hacer entonces cuando vaya un poco para el sur…
    Saludos!


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