Posteado por: Diego Grillo Trubba | 30 enero, 2008

Sonia 00: Epílogo 1: El Alemán (1)

Hay elementos de nuestra vida, rasgos de cómo nos manejamos, que suelen ser llamados carácter. No me refiero a si una persona tiene buen humor o mal humor (buen carácter o mal carácter), o sí, pero no sólo a eso. El carácter, a los fines de lo que quiero explicar para que se entienda lo que relataré, es un todo que abarca todas y cada una de las acciones que hacemos sin pensar. Foucault lo llamaría saber -pero esto es un blog y no una monografía para la facu, así que no me extiendo-. Digo: hay cosas que las hacemos cotidianamente y no las pensamos. Y hay reacciones que tenemos que se reiteran, que no pensamos cómo reaccionar: reaccionamos así. A eso me refiero por carácter.

Hay algo que no lo pienso, no lo razono, pero lo hago. Cuando me siento defraudado de alguien, para mí esa persona se murió. Si me detengo a pensarlo, creo que es algo que proviene de mi infancia: padre ausente, padre putativo abusador desde lo psicológico, mis abuelos siempre me aconsejaban “ignoralo”. Y lo hacía. Me ponía a leer revistas de historietas, miraba la televisión, y lo ignoraba. El tipo busconeaba, y yo -con siete, ocho años- lo ignoraba. Era, el de mis abuelos, un consejo sabio: resultaba iluso suponer que un chico de siete u ocho años se podía enfrentar a un hombre de cuarenta. Resultaba aún más iluso suponer que podría recurrir a mi viejo para que me defendiese. Hubiese resultado lógico, quizás, recurrir a mi madre, pero lo cierto es que prefería no darle problemas: solía tener períodos depresivos, y mi fantasía era que yo podía profundizarlos al contarle algo así. Entonces: ante la afrenta, ante la desilusión, ignorancia. Borrar del mapa, en un mecanismo cerebral que se fue aceitando con el tiempo a grado tal que mis ojos, mi ángulo de visión, se amoldaba perfectamente -sin manejarlo desde un punto de vista racional- para no ver a mi padre putativo.

Con el tiempo, la metodología que partió en consejo se transformó en forma de ser, o en carácter. Ignorar pelotudos en el colegio, por ejemplo. Puede que algunos llamen a eso cobardía, y puede que tengan razón, lo que aprendí con muchos años transcurridos era que, en aquel contexto, el nombre apropiado era supervivencia. Un amigo me desilusiona, y desaparece. Digo: ni siquiera lo extraño. Desaparece. Se esfuma.  Pero es algo que va más allá de una pose, esa persona se transforma casi automáticamente en un conjunto de átomos invisibles, inodoros, insípidos: nada.

Cuando al Alemán le dije “para mí estás muerto” sabía, yo, lo que le estaba diciendo. Desde mi punto de vista, se había desmaterializado. Desde una óptica racional, el argumento es el siguiente: si hay tanta gente que se cruza en nuestras vidas (y, fundamentalmente, tanta que ni se cruzó aún) que vale la pena, ¿por qué perder el tiempo en aquellos que nos desilusionaron? Reitero: el argumento supuestamente racional es decorativo: el carácter está por sobre eso. Y mi carácter es como dije, en ese sentido.

Desde aquella jornada, no volví a dirigirle la palabra al Alemán. Si entraba en mi oficina a cargar agua,  yo continuaba con mis actividades -pocas, la verdad- laborales. Cuando yo no respondía a su saludo, él insistía, y yo continuaba en silencio. Con el paso de los días, el Chancho volvió a aplaudir cuando el Alemán llegaba a las cuatro de la tarde, y también el Chapa. El Tanguero y el Flaco no. Algún día les dije, a estos, que por mí lo aplaudieran, que por mí no había drama, que el Alemán para mí era mal tipo,pero que no tenía por qué serlo para ellos. Con el paso de las semanas, también, el Chancho comenzó a decirme que ya estaba bien, que ya había castigado al Alemán, que había sido mi amigo y tenía que perdonarlo. Mi respuesta era siempre la misma:

-No voy a mover un dedo en su contra, pero para mí está muerto.

El Alemán insistía. A veces entraba en la oficina y me decía “¿y vas a seguir sin saludarme, maricón?”. Yo continuaba con la computadora. Él se ponía colorado, decía un par de frases más, y luego se iba.

Aclaración: desde que estoy anticoagulado, tengo prohibido hacer deportes que impliquen contacto físico violento pues un golpe podría generar una hemorragia interna que, a su vez, podría derivar en la muerte. Esto, que suena tremendista, que pareciera tener que vivir entre algodones, no es grave: uno se acostumbra a tener ciertos cuidados. Agarrarse a trompadas, desde el punto de vista médico, es lisa y llanamente suicida.

Aclaración 2: más allá de la anticoagulación, nunca fui de agarrarme a trompadas. Quizás por falta de presencia paterna, o vaya uno a saber por qué, siempre traté de evitar ese tipo de situaciones. Me agarré a trompadas en muy pocas oportunidades -me sobran los dedos de una mano-. Una vez con mi padre putativo: yo tenía dieciocho años, estaba acostado, él volvió borracho de una fiesta, escuché que discutía con mi vieja, escuché que se gritaban en el dormitorio, un golpe, un grito de mi vieja; me levanté en calzoncillos y cuando llegué al dormitorio vi que el marido de mamá continuaba gritándole; sin pensarlo, lo tomé de la nuca y tiré hacia atrás; no vi qué sucedía con él, fui directo hacia mi madre y le pregunté si estaba bien; ella lloraba, y en un momento me dijo cuidado; giré, y vi a mi padre putativo se abalanzaba sobre mí; no tengo la más remota idea de cómo, con qué técnica (nunca me había peleado hasta entonces), lo esquivé y, automáticamente, con una mano lo tomé del cuello; lo empujé contra la pared; mi mano derecha fue un puño cargado de quince años de soportarlo; comencé a golpearlo en la boca, sin parar, paf, paf, paf; en un momento, en su boca sólo había sangre; en un momento, también, me detuve y descubrí que mi vieja y mis hermanos estaban colgados de mi espalda tratando de separarme; lo solté; lo llevaron al baño; mi vieja me indicó que me fuera a lo de mis abuelos; cuando llegué, mi abuelo, revueltos los pocos pelos que le quedaban (eran las dos de la mañana), me preguntó qué había pasado; les conté y me dijeron: tenés que ignorarlo.  Esa noche -y especialmente la mañana siguiente, cuando me enteré que el marido de mi vieja había perdido un par de dientes en la trifulca- tuve miedo de mí. De lo que puedo hacer si me saco. De la falta de control sobre mí mismo. Luego de eso, me agarré a trompadas un par de veces con mi hermano. Bastante parejo. Pero fuera de eso, nada. No me gusta el agarrarme a trompadas. Pero no me gusta en serio. No es que le tema al dolor, sé muy bien que en una pelea el dolor no se siente durante. Le temo a otra cosa. Le temo a no frenarme.

El Alemán insistía, aunque luego comenzó a desistir. Por otro lado, yo comencé a salir con Sonia 04, tenía otros intereses -y, fundamentalmente, otras preocupaciones-. El Alemán viajó un mes y medio a España a visitar a su sobrina recién nacida. Apenas volvió, entró a mi oficina y al comprobar que yo no lo saludaba dijo, delante de todos:

-¿Y, cagón, seguís anticoagulado?

Me dije basta. Me incorporé. El Flaco me agarró. El Alemán me gritaba que me animase. Yo no hice demasiada fuerza, la verdad. Cuando el Alemán se fue, mis manos temblaban.

Por la noche, Sonia 04 me preguntó cómo estaba. ¿Qué decirle? La verdad, le dije. Todo, le conté. Ella me dijo, en uno de sus pocos raptos de cordura:

-Están en otra frecuencia. Andá a saber qué significabas vos para él, que se pone así si lo ignorás. La cuestión es que no entres en el juego de él. Vos lo ignorás, y él griuta atención. No a vos, pero eso no importa. Para mí, lo que tenés que hacer es decirle: está todo bien, te perdono pero la verdad que prefiero no seguir tratando con vos. Podrías mandarle un mail y listo.

Al día siguiente, le mando un mail. Con copia oculta al Chancho y al Flaco, así no me seguían rompiendo las bolas con que bajase la tensión. El mail decía, palabra por palabra, lo que me había dicho Sonia 04.

El mismo día, me llama mi jefe. Me dice que se enteró lo que pasó la jornada anterior. Se ve que mi cara es de espanto, porque enseguida me dijo que sabía que yo no había empezado la cosa, que me quedara tranquilo. Me preguntó qué tenía que hacer con el Alemán.

-¿Y yo qué sé? -le respondí, en algo que bien se podría haber traducido como: el jefe sos vos, hacete cargo.

Le expliqué que creía bueno bajar tensiones, le comenté del mail, y le dije que me parecía que si lo sancionaban -trasladaban de piso, oficina, etc.- iba a empeorar las cosas porque el Alemán iba a suponer que yo había pedido algo así.

Le dije que, desde mi punto de vista, lo mejor era esperar a la reacción del Alemán al mail.

Y la reacción del Alemán al mail fue que no siguió jodiendo.

Por un tiempo, no siguió jodiendo.

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Responses

  1. Lo que contás no hace más que reafirmar el refranero popular:
    “del agua mansa líbreme dios, que de la otra me libro yo”
    En otro blog hablábamos de los muros que contruímos para protegernos … el ignorar elementos del entorno es uno, y es bueno, pero no te libera del hartazgo.

  2. Qué raro, yo pensaba (o pienso) algo parecido. Una vez, hace mucho, una amiga se acostó con el chico con el que yo salía
    Cuando me pedía perdón yo sentía algo irreal. Como si no la conociera. No podía perdonarla porque esa persona que lloraba diciendo que estaba borracha, que no quería, que no se dio cuenta, no era mi amiga, era una persona rara, que yo no conocía.

    Que mi amiga no hacía esas cosas, en mi amiga yo confiaba ciegamente porque era honesta y noble.

    Que yo no tenía que perdonarle nada. La que había sido mi amiga hasta ese momento (la que se había sentado en mi banco, se había ido de viaje de egresados conmigo, había vivido en mi casa) siempre había sido impecable.

    Pero que ahora ella ya era otra, y que a esta otra yo no la conocía, y como la desconocida que era para mí, no me debía nada. Ninguna lealtad, ninguna disculpa, ningún arrepentimiento.

  3. Creo que el hecho de ignorar a alguien trasmite una seguridad prefabricada de nosotros mismos ante los demás, que los descoloca, los hiere, los hace sentir impotentes, inseguros con ellos mismos. Pienso que esta bien no entrar en el juego del otro si estamos seguros sobre nuestra posición, aunque sea difícil.
    Ahora, el tema, es… por un tiempo no siguió jodiendo? Por un tiempo?
    Tipo insoportable.

  4. …demasiada fuerte la reacción hacia el libanés, demasiada liviana hacia Sonia OO.
    ¿Por qué hasta ahora escribiste de Sonia OO?

    Espero con ansías la continuación del epílogo.

    Saludos.

    B.

  5. Te entiendo completamente.
    Tengo la misma postura ante los que me lastimaron: “me cagaste = estás muerto (mataste mi confianza en vos, no tengo tiempo ni ganas de tratar con garcas)”.
    Mejor no vivir rodeados de basura…

  6. Te entiendo, soy igual, cuando alguien me defraudó, comprobado y fehacientemente, murió para mí. Es algo que no pienso, lo siento así. Como vos decís, se “desmaterializó” de mi vida.
    La confianza es un sentimiento raro, se tarda en tenerlo, pero en un segundo tan solo se puede perder. Me gusta leerte.
    Ahora, queda ver por cuánto tiempo el Alemán se quedó tranqui.

  7. Uy, uy, uy…las referencias al carácter siempre dan como un escozor, un frío en la espalda, no?
    Una descripción tan prolija da para esperar (esperanzar no existe, no?) que ya no “te pase”, que lo elijas o no.
    Cuesta citar a la que torcía los labios, hay una palabra que no se entiende, dice: “vos lo ignorás y él ( nosequé) atención. Correjilo, pa’ una vez que dice algo rescatable (muy lindo eso de “rapto de cordura”).
    Elogios de la escritura no te digo más…al menos hoy.

  8. …y si lo corregís con g, mejor aún.

  9. Muy, pero muy bueno!
    Estoy leyendo el excelente blog de LG, su historia con Marcelo Ugly en el camping entra directo al concurso de la peor cita de tu vida.

  10. Discúlpame no era el libanés, era el alemán. Me equivoqué de nacionalidad. 🙂

    Saludos.

    B.

  11. A veces hay que agarrarse a piñas. No queda otra.

  12. Lunis, no conocía ese refrán.

    LG, una amiga no se acuesta con tu novio. Punto.

    Guillermina, mañana, en el último epílogo, lo sabrás.

    Luna, no entendí la pregunta.

    Mortizia, coincidimos.

    Malizia, yo doy confianza bastante rápido a los demás.

    Anónima, me sigue pasando.

    Fedet, el blog de LG es maravilloso.

    Rockero, por cierto.

  13. mi pregunta es la siguiente: escribiste a cerca de sonia 01, sonia 02, sonia 03, sonia 04 y, hasta ahora, escribes de sonia 00. Tiene algún significado este orden o responde solamente a tu humor?

    Saludos.

  14. A ver si entendí bien… un jefe te pregunta a vos (subordinado) que tiene que hacer con otro empleado porque ustedes tuvieron problemas personales???

    Es de Gasalla… patético…

    alevs

  15. Me siento totalmente identificada con vos con lo que decís que cuando “un amigo me desilusiona (…) desaparece (…) siquiera lo extraño.” Me pasó una cosa terrible con una amiga y a partir de ese episodio cada vez que me desilusiono es como que la otra persona deja de existir….

  16. Creo que se puede ignorar a alguien cuando no se tiene trato, pero ignorar al amigo o familiar me parece que es imposible. Aparte con esa actitud se le está dando más importancia que la que tiene.

  17. Primera vez que no leo los comments antes de escribir el mío. Los leo antes, para no repetir cosas que otros ya expresaron. No porque no las comparta, sino para que la mía sea algo que me haya “provocado” y no un simple “Sí, yo estoy de acuerdo con Fulanito”. A mí, no me suma.
    Pero ahora no me importa si estoy repitiendo lo mismo que hayan dicho otros. TENGO que expresarlo.
    Supongo que leerás los comments, porque están moderados; así que si te parece que hay algo indebido, editalo. O si no se puede editar, borralo. No me interesa la publicación… me interesa que a vos te llegue.
    Composición de lugar: estoy recostada en mi futón con los pies en las mesitas que hay delante. Almohadones (¿se escribe así “almohadones”? ¿no parece una palabra de origen árabe?) en la espalda y la netbook sobre mis piernas estiradas Muy cool es la sensación y la imagen. Cool. No encuentro una palabra en español que sea al mismo tiempo intensa tanto como light. Eso es algo cool, para mí.
    Me prendo un faso y empiezo a leer. Es un post largo, y lo leo muy despacio, desmenuzando cada palabra, cada idea. Si tenía que releer, releeía, y volvía a disfrutarlo tanto como cuando recién leído. Una lectura lenta. A fuego lento, la lectura.
    Me impactó (así, ¡PUM!) cada parte. Al menos, en mi cabeza, ordenè por partes lo que iba leyendo.
    Juro que en la escena (permitime que diga “escena”, y no porque sea una mera imagen cinematográfica por lo bien descripta, sino por lo que me provocó. Pude “ver” lo que te había pasado en ese momento de la pelea), y juro que mis ojos me engañaron… porque no es posible que realmente “viera” la pantalla en rojo… no es posible, no? Los guiones deben ser uno de sus puntos fuertes, Señor escritor. Eso estuvo vívidamente escrito.
    Y la descripción que hacés de lo que es tu carácter… de lo que está formado tu carácter… es increíble. Le permite a uno penetrar dentro de ese misterio que es tu personalidad. Y si dejás entrever tan acabadamente lo que sos y cómo sos. a unos lectores… ¿cómo es posible que no lo pudieran ver esas mujeres a las que te acercabas? Nunca entendieron lo que significa la desilusión para vos. No un orgullo herido. Sino la muerte de la ilusión… mucho más doloroso.
    Si te conocían algo, ya sabían. Y sin embargo, mintieron, manipularon, abusaron. Eso tiene dos explicaciones posibles: o son (fueron) estúpidas, que no puedieron CONOCERTE; o malas personas, a las que no les importó cuànto te pudiera doler.
    Nadie merece tanto castigo (sea lo que sea lo que haya que perdonarse)como para exponerse a este tipo de mujeres.

    Va a aparecer, Diego. Si es que no apareció al momento en que leas esto, ELLA va a aparecer. Relajate. Atormentate menos con las cosas. Disfrutá… ya va a llegar.

    Bueno, mejor no lo publiques. Pero me gustaría saber si te llegó. Quizás el moderador sea un programita automático que, a partir de ciertas palabras claves, aprueba o filtra el comment. O tal vez los leas todos. No lo sé. Y me gustaría saberlo.

    Mi inclino ante tu arte. La forma de transmitir que tiene tu escritura eriza los pelos, angustia la mirada, endurece la mandíbula, hace largar una carcajada. O cualquiera que sea la forma de describir la sensación que produce leerte.
    No hay dudas que te merecés ser reconocido y reconfortado por lo que sos y serás. Sos un pendejo. No para la CreamFields, ok. Pero para ser escritor sos pendejo. Sos parte de la nueva generación. Y no hay dudas tampoco que algún día llegará. De hecho, desde que comencé a leer hasta ahora, parece haber sido así. Así que el día ya llegó. Y que sea por muchos años. Todos, si se pudiera pedir.

    Saludos,
    C.

    PD: ya te habìa pedido que no lo publiques, no? No hace falta.


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