Posteado por: Diego Grillo Trubba | 4 junio, 2007

Sonia 00: La primera ocasión en que la vi

Abril de 2006.

Trabajo en una dependencia pública, lo cual implica muchas cosas. Dos cosas implica, que sean relevantes en este momento: a) cada tanto hay ingreso medio masivo de personal, b) con frecuencia hay reuniones (mucha más frecuencia que la necesaria, a mi humilde entender).

Estoy, entonces, en una reunión de personal. No sé bien el motivo, pero lo cierto es que nunca lo sé. Puede que sea la reunión mensual donde nos informamos en qué anda cada uno -es decir, nos decimos unos a los otros que estamos en lo mismo de siempre-, puede que haya que resolver con urgencia algún pedido de una de las autoridades políticas -todos los pedidos de las autoridades políticas son urgentes, en parte porque por ser políticos piden todo para ayer porque ignoran los temas que tienen a su cargo, en parte porque por ser superiores las autoridades intermedias se desesperan por satisfacerlos-, puede que ni eso.

Soy puntual, en las reuniones. En esta clase de eventos me caracterizo por aprovechar que, pese a mi contrato, nadie me despedirá, y hago lo que me gusta: preguntas incómodas, comentarios mordaces. Soy puntual y hago preguntas cuando la mayoría de mis compañeros -excepto el Chancho, que en esto es parecido a mí- prefieren guardar silencio y así la reunión terminará más rápido y regresarán a sus oficinas.

Como soy puntual, consigo asiento contiguo a la mesa de reuniones. Poco a poco, la oficina de reuniones -salón de reuniones es un título que le iría muy grande, pues a nosotros este lugar siempre nos queda chico- se va poblando. Viene mi jefe, viene mi jefa -que es, a su vez, jefa de mi jefe-. Mi jefe me hace algún comentario futbolero.

Con mi jefe tenemos una relación amor/odio: a veces nos llevamos muy bien, para semanas más tarde estar en el punto exactamente opuesto. Con mi jefa, por el contrario, casi podría decir que somos amigos. Una buena mina, aunque, para mi gusto, tiende a tomarse demasiado en serio todo esto. Aunque, si he de ser sincero, cualquiera que considere esto como serio ya lo tomaría demasiado en serio.

Habla mi jefa, habla mi jefe. Mis compañeros me miran, esperan mis comentarios ácidos. Los hago, todos se ríen, la mayoría de compromiso pues no entienden mis ironías.

En un momento, mi jefe hace referencia a las “nuevas compañeras” que integran la Dirección. Desde hace un tiempo, todo lo nuevo es femenino. Con el Chancho y el Flaco siempre navegamos entre dos hipótesis: a) toman mujeres recién recibidas porque resultarán más tímidas y así serán más simples de manipular; b) las mujeres tienden a aceptar salarios menores que los hombres. En fin.
Giro la cabeza. Miro a las nuevas compañeras.
Sonia 00 y Chichón de Suelo, las llamaremos.

Sonia 00 es alta, altísima. Estoy sentado y ella de pie, pero calculo que me debe llevar media cabeza. Rubia -teñida, pero le queda bien-, ojos marrones, una boca inmensa que sólo puede generar fantasías en relación al sexo oral, tetas pequeñas pero de esas firmes, tipo duras manzanitas manipulables y chupables por un buen rato, y dos piernas larguísimas, gloriosas, de esas que al ver se transforman automáticamente en fantasía, en dos tenazas alrededor de mi cintura mientras cabalgo con decisión. Sin embargo, si bien una verdadera perra, hay algo en Sonia 00 que no me gusta. Viste un traje blanco, un tanto brilloso. Me resulta, por así decirlo, levemente menemista. Me resulta, por así decirlo, muy probable que sea una mina garca. Y la gente garca no me gusta, ni siquiera para coger.

Chichón de Suelo es, como su nombre lo indica, petisa. Menos que eso. Una especie de pigmeo de gigantescos ojos negros y labios sugerentes, con la boca en permanente trompita (¿estaré obsesionado con que me hagan petes?). Tiene aspecto frágil, y mientras la presentan se toca las manos, nerviosa. Tiene dos piernas cortas, pechos pequeños pero interesantes.

A ninguna de las dos les veo el culo, desde donde estoy.

Y quien me interesa, y mucho, es Chichón de Suelo.
A Sonia 00 la descarto rápidamente. Ya lo dije: tiene pinta de garca.
Con el tiempo, me preguntaré por qué no hice caso a esa primera impresión.

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Responses

  1. Descarnada descripción, Don

    me gusta, veremos cómo sigue

  2. Hola Elemental, quería saludarte por tu cumpleaños, sigo enganchadísima con el blog. Bueno, mis felicitaciones y feliz cumple!

  3. Emma,

    los comments y los mails que recibo coinciden: debo tener un estilo “descarnado”. ¿Será por la política gubernamental?

    Otra Neurótica,

    gracias totales.

  4. es buenísimo ser alta

    discresonia

  5. Los neuróticos, como usted sabe y aqui cuenta jamás hacemos caso a las primeras impresiones correctas, solo a las equivocadas.
    Muy feliz semana de festejos cumpleañeros y que este año traiga tanto blog como el anterior que aqui estamos esperando.
    V

  6. Felicidad para todos!
    Elemental: felíz cumple y que lo pases muy bien.
    Emma Peel: mis respetos. Muchos éxitos con este porvenir de jarras locas.
    Me gusta mucho el giro del blog.
    Sigo acá.

  7. sí, che, tremendo. ¿cuán petisa hay que ser para merecer el nombre “chichón del piso”?

  8. Discresonia,

    y sería buenísimo ser alto, supongo.

    Violeta,

    tenés absoluta razón. Gracias por los buenos augurios.

    Adicta Severa,

    chas gracias.
    (Emma: me parece que a esta altura se impone un brindis de licuados con tus contrincantes).

  9. Antisonia,

    muy.


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