Posteado por: Diego Grillo Trubba | 27 abril, 2007

Sonia 04: Canastos, valijas

Miércoles 17 de enero de 2007.

Me despierto, hago el desayuno. Estoy más relajado, pero el sueño no consiguió recuperarme del todo. Sonia 04 duerme, y al despertar no quiere desayuno. Mientras remolonea, tomo mi café sentado en la cama. La beso, me marcho.

El día laboral lo destino principalmente a terminar la nouvelle de regalo para el cumpleaños de Sonia 04. Cuando llego a la página 60, comienzo a resolver los conflictos que se fueron acumulando. La paciente se enganchó con uno del laburo, el protagonista/analista hace todo lo que puede por levantársela, en un momento incluso comienza a manipularla en las sesiones para que corte con el muchacho que conoció. También, comienza a aparecer por casualidad en los salones de salsa que frecuenta la paciente. Todo apunta a que el analista se va a quedar con la paciente. Sin embargo, mientras tecleo, comprendo que soy un escritor profundamente moralista. Me freno. Seguiré a la tarde.

Almuerzo con el Flaco. Me cuenta los preparativos de su boda. Es lindo, escuchar esas cosas. El Flaco estuvo mucho tiempo mal por una relación pasada, y le presentaron a esta chica a la que no conozco en persona pero con la que, por lo que me cuenta, está todo bien. Mientras él me cuenta las coincidencias, la facilidad con la que fluye la relación, me pregunto si él -al igual que yo con mis amigos- no estará ocultando los conflictos. Quizás, me digo mientras el Flaco habla y comemos unas hamburguesas con papas fritas, toda relación sea eso: un paraíso a los demás que, en la intimidad, es muy similar al infierno. Sin embargo, lo que escucho del Flaco no trasluce llamas ni ecos del averno. Hay relaciones que, sí, fluyen. Son, creo, las de la gente más simple o, en verdad, las de la gente que sabe lo que quiere, que tiene al menos algunas cosas en claro.
No es mi caso con Sonia 04, por supuesto. Pero, me digo, si continúo esforzándome todo puede salir bien.

Para quien las cosas salen bien es para el protagonista de la nouvelle. Tecleo, y el tipo a último momento recapacita, comprende el poder que está ejerciendo sobre su paciente, comprende que nada que se conquista de esa forma tiene que ver con el amor, ni con el deseo de bienestar del otro. Sobre el final, el protagonista se encuentra con el compañero de trabajo de su paciente y le aclara los tantos, y se retira del tema. La nouvelle parece que terminará en la soledad del analista, divorciado y desencantado de sí mismo. Sin embargo, hay una última escena, una especie de bonus track, en la que va a bailar salsa con su amigo y conoce a una pelirroja. La nouvelle termina con una declaración de principios: todo hombre debería tener derecho a acostarse, al menos una vez en la vida, con una pelirroja.
No es mi caso, por cierto.

Salgo del trabajo a eso de las cuatro de la tarde. Me apuro. Llevarán los canastos a las seis. La idea es no pedirme días por mudanza: ya bastante me estoy cagando en la banda horaria, como para generar algo que haga que mis jefes se fijen en lo que hago y dejo de hacer, un off side más grande que los provocados por defensas menottistas.

Seis de la tarde. No llegan los de los canastos. Se supone que tengo que estar a eso de las 9 en lo de Sonia 04, y para ello antes tengo que viajar y bañarme. Es decir, a las ocho no puedo ocuparme más de los canastos. O sea, espero que lleguen rápido.

Seis y media. Llamo a la agencia de fletes. El flaco -supongo, tiene voz de flaco- agradece que llamé, confiesa que se habían olvidado, dice que ya me mandan los canastos.

Siete menos diez. Suena el timbre. Los canastos. Cuando bajo a buscarlos, Waldo, el portero, me mira sorprendido:
-¿Se nos va? -dice.
De todos los porteros que me tocaron a lo largo de la vida, Waldo es, sin duda, el mejor. Chileno, anciano, irónico. Noto cierta desazón en él, que enseguida se me contagia.
-Me voy a vivir con mi novia -digo, mientras meto los canastos en el ascensor.
-Ah, entonces es un cambio para mejor -dice Waldo.
-Se supone -digo.

Comienzo por los libros. Con horror, descubro que he llenado uno de los seis canastos grandes y apenas metí dos hileras de la primera biblioteca. Es decir, los seis canastos no alcanzarán. Y no tengo tiempo, ahora, para pedir más. Además, cobran por canasto, la mudanza va a salir una fortuna. Mierda.
Con espanto, descubro que los canastos llenos de libros pesan como la conciencia de un católico especialmente masoquista. ¿Cómo van a hacer los peones para cargarlos? Vivo en el décimo piso, el ascensor llega al noveno, pobre gente… ¿Y si no pueden? ¿Y si tengo que suspender la mudanza?

Llamo a mi vieja. Me pregunta, enseguida, qué necesito de ayuda para la mudanza. Le digo que valijas.
-¿Cuántas? -pregunta.
-Todas -respondo.

Media hora más tarde, el coche de mi vieja estaciona ante el edificio. Waldo sigue mirando, sigue diciendo se nos va. Mi vieja me ayuda a sacar las valijas del baúl, se ofrece a venir el día de la mudanza, y en fracción de segundo imagino a ella junto a Sonia 04 y a los peones, y los canastos.
-No, no te preocupes -digo-. En ese sentido, todo bien.

Cuando llego a lo de Sonia 04, lo primero que le aclaro es que no cocinaré, que pidamos comida a Petra´s. Y que, si puede, le pida valijas a sus viejos.

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Responses

  1. Una duda. Algo que tal vez ya dijiste, pero que ahora no recuerdo.

    ¿A vos te vencía el contrato de tu alquiler? ¿Ya habías avisado que dejabas el depto?

    O sea, si te peleabas con Sonia 04 (como finalmente ocurrió, según decís) ibas a quedar en la calle. Y el contrato del nuevo depto estaba a nombre de ella…

  2. Anónimo,

    has dado en el clavo. Ya llegará la hora de hablar de esa quimera.

  3. Y bueno negri, todo te tiene que servir. A veces no hay que apuntar taan alto, sino a algo mas real y concreto.
    Por ej.: alquilar algo entre los dos que puedan garantizar ambos y pagar en común, aunque no sea un depto tan grande o tan fashion. Cuando la mina te quiere, no necesita taaanta parafernalia de requisitos.
    (Pero tampoco te deja en la calle)

  4. exijo saber cuántos posts va a haber hoy! ayer casi terminamos comiendo el revoque de las paredes con uno solo!

  5. Luisandra/Louise,

    coincido en lo que hay que apuntar. Fundamentalmente, a alguien que quiera planificar con uno, y no que uno se tenga que adaptar en todo.

    Marina,

    che, no seas injusta. El post de ayer era larguísimo, lo iba a dividir en varios pero al final lo conté de un tirón porque me pareció que daba cuenta mejor del vértigo.
    hoy habrá por lo menos tres.
    no te comas el revoque de las paredes, porque después no podrás vender el departamento.

  6. Llevo leyendo algún tiempo esta historia. No he querido comentar antes porque como dicen, “agua pasada no mueve molinos”. Sin embargo me doy cuenta de que cuando la has escrito ya era “agua pasada”.

    “Hay relaciones que, sí, fluyen. Son, creo, las de la gente más simple o, en verdad, las de la gente que sabe lo que quiere, que tiene al menos algunas cosas en claro”.

    Yo creo que sí que hay relaciones que fluyen, pero creo más en un balance positivo de buenos y malos momentos. La persona perfecta no existe, y por consiguiente, la relación perfecta tampoco. Pero es verdad que si se tienen, por encima de todo, las cosas claras y se acepta al otro (siempre sin anularse a uno mismo, que para eso convivimos con nosotros mismos 24 horas al día), las cosas pueden marchar.

    Hay gente que dice que lo más importante en la vida es el amor. Estoy de acuerdo en que el amor es muy importante, pero el respeto lo es más. El amor sin respeto sólo destruye, pero creo que eso ya lo has descubierto tú. Quizá por eso la comuncación es otro gran pilar, para establecer unos cánones de respeto entre los dos y hacer que la convivencia sea posible.

    Estos días en que leo la historia de Sonia 04 no puedo evitar pensar en mi historia. Cuando contabas lo de Sonia 13 en algún momento te hablé del casado que me estaba jodiendo la vida (y yo dejándome, claro) hasta que lo frené. Poco después comencé la historia con la que estoy ahora. En este momento de tu relato llevas algo más de tres meses y os vais a vivir juntos. Nosotros llevamos también tres y él se viene a vivir conmigo (en la práctica ya está instalado). Con la edad he aprendido a ser más paciente, menos neurótica y más comprensiva. Pero al leer tu relato me da miedo el cometer algunos error que Sonia 04 cometió contigo, me da miedo convertirme en una bruja. Hay días en que a veces las cosas son difíciles y a veces las palabras se disparan como un arma de artillería.

    El amor, el amor no es suficiente. Respeto, diálogo, química. Es complicada la receta y diversos los ingredientes…

  7. Y por cierto, si algo he aprendido desde que vivo fuera de mi país y me tengo que mudar casi cada año, es que las cajas de los libros deben ser las más pequeñas. El saber no ocupará lugar (mentira) pero pesa…

  8. Y toda mujer deberia tener derecho al menos, a acostarse con un pelirrojo. Si es mi caso, pero soy afortunada, porque además es mi pareja.

    Supongo, compartimos gusto,jajaja 😉 😛


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