Posteado por: Diego Grillo Trubba | 23 abril, 2007

Sonia 04: Un día celoso (y 3)

Jueves (cont.).

Frente a la computadora. En el monitor, la nouvelle que debería escribirle a Sonia 04 antes del 23 (no debo olvidar que tengo que mandar a anillado, y dárselo el 22 a las 24 horas). No puedo escribir. Pienso en los manejos, en mi creciente sospecha, en mi injusta sospecha, en mi recontralimantada sospecha. Hay que poner el pie en el freno. Nos estamos por ir a vivir juntos. No puedo vivir con alguien de quien desconfío por completo. No puedo desconfiar. Me estoy socavando un futuro venturoso con Sonia 04. Una vez más, estoy destruyendo los cimientos que otorgarían felicidad a mi vida.

Tecleo, escribo.

El protagonista, el analista que se enamorará de su paciente, deja a su mujer. No se dice en concreto -soy tan sutil-, pero él no le perdona una infidelidad. No aparece la palabra infidelidad, ni se hace referencia directa a un otro. Sí, en varias oportunidades, la mujer le pide que la perdone, que no sabía lo que hacía. El protagonista se remite a decir que no la puede perdonar.
Así, dos páginas.

Otro capitulito. El protagonista con su mejor amigo. Si algo le explico siempre a mis alumnos de taller es que no deben expresar en el cuerpo del texto sus pensamientos, que eso es torpe, que afecta la lectura. Para eso están los personajes, digo.
El amigo del protagonista tilda a la mina de puta. El amigo del protagonista dice que las infidelidades no se perdonan. Y, en mi mayor acto de sutileza de la jornada, el amigo dice:
-¿Cómo se hace para besar una boca que uno sabe que estuvo chupando la poronga de otro mientras uno laburaba?
El protagonista se queda callado, cosa de que su amigo se explaye. A veces manipulo un poco a los personajes.

No puedo seguir escribiendo esto. No así. Es una mierda. No borro, pero no puedo seguir. No hoy, continuaría adentrándome en las profundidades del bodrio.

Por otro lado, no tengo nada para hacer. Recuerdo que mañana tenemos sesión con Silvina, la terapista de pareja. Escribo, entonces. Escribo todo lo que siento en relación a los ex de Sonia 04. Escribo y borro, en varias ocasiones: deseo que quede un discurso racional, algo que se aleje del tsunami que recorre mi interior. Creo que no me sale mal. Expongo, sí, que no quiero más de eso. Nunca más. Que me enferma.
Que soy un enfermo, debería escribir.

Por la noche, cuando llego a lo de Sonia 04, descubro regalos sobre el escritorio del comedor. Lo que fue a comprar al mediodía, mientras yo suponía que estaba con Humberto dándole duro a la matraca. Bueno, no son precisamente regalos: un desodorante, una caja de preservativos, un dentífrico.
Me siento una mierda.

Cuando ella llega, estoy tirado en la cama mirando la televisión. No prendí su computadora. Ella me besa. Le leo lo que leeré mañana en la terapia de pareja, para no agarrarla de sorpresa: no es la idea, le digo, no quiero que sea un combate sino una construcción. Debería hablar con la Editora Mais Bonita para que me encarguen algún libro tipo Bucay, ya me salen frases igual de mierdosas.
Cuando finalizo la lectura, Sonia 04 sonríe.
-Estás celoso -dice, como quien dice me querés.
Me besa.
Se la ve bien.
Y yo por dentro estoy tan, pero tan mal luego de este día agotador.

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