Posteado por: Diego Grillo Trubba | 7 abril, 2007

Sonia 04: Una mirada a la oscuridad

Sábado 16 de diciembre de 2006.

Me despierto temprano. Puse el despertador, viene mi alumna que quiere escribir el Harry Potter argentino. Sin embargo, no es el zumbido lo que me despierta, sino que lo hice mucho antes. Al abrir los ojos, veo la pared. Estoy de espaldas a Sonia 04. Giro, la miro, ella también está de espaldas a mí. Recuerdo la discusión de ayer, recuerdo que ayer, también, le dije a los chicos que me iba a vivir con Sonia 04. Pienso que es difícil buscar departamento en estas condiciones, cuando no estoy seguro de qué siente Sonia 04. Mientras voy al baño, me digo que quizás lo que ella necesita es un poco de estabilidad, y el vivir juntos podría brindárselo. Me preparo un café, voy hasta la computadora, entro en la página de Clarín, luego en sus clasificados. Recuerdo las prerrogativas: piso, barrio, ambientes. Una de las gratas sorpresas es que, aún teniendo en cuenta todas esas indicaciones, los departamentos que hay para ver son muchos. Copio de la página web y pego en el word, para no perderlos, para no olvidarme. En un momento, escucho desde el dormitorio:
-Pipu…
Voy. La beso.
Y es como si lo de ayer no hubiese sucedido.

Desayunamos ante la computadora. Le leo los avisos clasificados, las direcciones. En total, habré encontrado unos 40 avisos que parecían potables. Luego de las objeciones de Sonia 04 -esa calle no me gusta, esa altura de esa calle no me gusta-, restan tres: dos en Almagro para ver por la tarde y uno en Caballito al mediodía. El de Caballito queda a pocas cuadras de su casa, y Sonia 04 me dice que aprovecharía la clase para ir hasta allá y luego regresa. Mientras lo dice, reparo en un hecho por lo menos curioso: los departamentos que ella siempre deja de los listados -al menos en la zona de Caballito- están en un radio de cuatro cuadras de donde vive actualmente, es decir donde será uno de sus consultorios.
Nos despedimos. Ella se marcha.

Doy mi última clase del año a la alumna que desea escribir el Harry Potter argentino.

Sonia 04 regresa, me dice que no pudo ver el departamento porque los de la inmobiliaria al final no tenían las llaves.
-No importa -digo, todo optimismo-, tenemos los otros dos que están acá cerca. Tengo un buen pálpito.
Empiezan a mostrarlos a las cuatro de la tarde. Son las dos. Le propongo que veamos los frentes de los edificios y, de paso, almorcemos. Acepta. El primer departamento está en Salguero y Rocamora, es un piso 10. Llegamos, y comprobamos que es el penúltimo, y que el frente del edificio está bien, y que según el aviso las expensas son bajas, y el precio es por demás razonable.
-Bien, ¿no?
Ella tuerce la boca, los labios finos se aproximan a su prominente nariz.
-Pero habría que ver la vista, si es abierta…
Le propongo dar la vuelta a la manzana, para ver si hay edificios del otro lado. A medida que giramos, me lleno de alegría: no hay edificios a los costados, ni del otro lado. De hecho, por lo que alcanzamos a ver, el balcón es grande.
-¿Viste, mi amor? Tiene vista abierta. Te dije que tenía un buen pálpito.
Ella tuerce la boca, se mantiene en silencio. Caminamos. Así como tuve un buen pálpito en relación al aviso clasificado, intuyo que está por suceder algo grave. Caminamos, volvemos a ver el frente del edificio, el hall está bien.
-Vayamos a comer rápido -digo-, así somos los primeros en la fila y no lo reservan otros.
-Sí, pero…
-¿Pero qué?
-Este barrio no me gusta.
-¿Pero vos no me habías dicho que este barrio sí?
-Sí, pero no. No me gusta.
-¿Y para qué mierda me hacés buscar avisos, si no te gusta? -casi grito en la calle.
-Bueno, Pipu, vos no me des bola.
-¿Qué?
-No me des bola, yo soy así.
-¿Así cómo? ¿Loca? ¿Pelotuda?
Ella me mira, seria.
-No me faltes el respeto.
Asiento. Me muerdo los labios. Caminamos hasta Corrientes, entramos en el restaurante Alcalá, pedimos el menú, ella elige una ensalada y yo un calzone, nos sirven. Esta enumeración que acabo de hacer parece sencilla, mecánica, y sin embargo no lo es. En mi enterior, todo ocurre como si estuviese a muchos kilómetros de distancia.
No me quiere, pienso. No quiere vivir conmigo, pienso. Está totalmente loca, pienso. Soy muy exigente con ella, pienso. No me quiere, pienso. Estuve buscando departamento como loco y ahora esto, pienso.
En un momento determinado, intento cortar el calzone. Me resulta imposible. Mis manos tiemblan. Miro a Sonia 04, que me observa estupefacta, muda. Intento de nuevo con los cubiertos, en vano. Miro si me ven desde las otras mesas, siento vergüenza. Apoyo los cubiertos en la mesa, sobre el mantel. Intento tomar el vaso con coca-cola, eso sí lo consigo. Bebo apenas un sorbo, pues descubro que nada pasa por mi garganta. Apoyo el vaso.
-¿No vas a comer? -pregunta Sonia 04.
-Vos no me vas a volver loco, hija de mil putas -digo, mastico las palabras.
Sus ojos pequeños se hunden en el anguloso rostro. El ceño se frunce. La boca se tuerce. Su nariz flaca, puntiaguda, me señala.
-Vos no me vas a volver loco -repito, aunque en voz más baja, casi como si se tratase de una orden que deseo impartirme.
Mis ojos se empañan, pero no me voy a permitir llorar en un restaurante.
-Vos no me vas a volver loco -repito.
Ella me toma de la mano.
-Elemental, soy yo, Sonia 04. Nadie te quiere volver loco.
-Sos una loca de mierda.
-Pará, Elemental, estás sacado.
-Vamos.
-Pero si apenas comimos, nos sirvieron hace poco…
-Vamos.
-Bueno, está bien, esperá que le digo al mozo que nos haga unos paquetitos…
-Vamos ya.
Le hago una seña al mozo, le pido la cuenta. Milagrosamente, la trae rápido. Pago, creo que dejo como diez pesos de propina. Salgo del restaurante. Sonia 04 camina junto a mí. Me cuesta caminar, me falta el aire, pero el deseo de estar en casa es más urgente. Cuando llegamos, le pido que ponga la llave: a mí me resulta imposible. Subimos en el ascensor, sin decir una sola palabra. Entramos en el departamento, y voy directo hacia el dormitorio. Me dejo caer sobre la cama.
Y, entonces sí, lloro.
A ver, cómo describirlo: no es un llanto de esos con un poco de lágrimas, con algo de mocos, con algo de bufidos. No. Las lágrimas, como en los dibujos animados, salen despedidas de los ojos. Los mocos, la saliva se pegotea en mis labios cuando abro la boca. Y no son bufidos, es casi un grito desesperado. Si tuviese algo de dignidad, esto no sucedería. Si tuviese, dije.
Sonia 04 me acaricia el rostro. Me pide que me ponga bien. Le digo -o intento decirle, no creo que se entienda mucho de mi pronunciación en este estado- que me está volviendo loco, que ayer llegó tarde a la reunión con mis amigos después de que rompió las pelotas con que iba a venir, que la búsqueda de departamento es algo quimérico.
-Yo soy así, vos no tenés que darme bola -dice ella.
-¿Pero no te das cuenta de que darte bola no es una elección? Si alguien quiere a alguien, no elige darle bola o no. No sigue las indicaciones de sus analistas, o de las runas o de la reputísima madre que los parió. Si alguien quiere, hace. Y el que no hace, no quiere.
-¿Vos querés decir que no te quiero?
Mi llanto se agudiza. Me recuerdo a la mañana, en calzoncillos, buscando avisos en la computadora mientras ella dormía. Siento pena, siento asco de mí mismo. La miro. Ella llora, verme así, ver que provocó esto, le chocó. Me acaricia el rostro.
Es, esto, una mirada a la oscuridad. Un instante de locura. Las presiones que resistí en las últimas semanas, en los últimos meses, estallaron todas en un mismo instante, pero no dirigidas hacia ella sino hacia mí. Es un rato de locura plena: digo algunas cosas coherentes, otras no tanto.
Tanta es la locura que, cuando el llanto pasa, seguimos juntos.

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Responses

  1. Uff.

  2. ODIO QUE TE ACABES CULPANDO DE TODO TÚ SIEMPRE ELEMENTAL!!!!

    ¿Por qué cuando uno ama a alguien no es capaz de ver el mundo que gira a su alrededor y sólo se centra en esa persona?
    Cada vez que escribes que te culpas, me dan ganas de ir a ese instante, parar el tiempo, y hacer de esa vocecita consciente y realista que tanto te hacía falta en los momentos en que, por su culpa, acabas siempre llorando…

    Sigo leyendo enganchadísima a tu historia! Estoy deseando leer el momento en que la mandes lejos de una patada en el culo!!

  3. Wow.

  4. Buenisimo como la puteaste! Por fin!

  5. Genial la primer puteada, carcajeé sonoramente…

  6. Por fin! y no me refiero al puteo, no por dios. Me refiero a la forma en la que te describes, esa sí fue buena. Carcajadas por doquier, gracias, Elemental.
    Níobe.


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