Posteado por: Diego Grillo Trubba | 7 abril, 2007

Sonia 04: Pero entonces soy un monstruo

Domingo 17 de diciembre de 2006.

De alguna forma que me resulta imposible discernir, pasamos el día de ayer juntos y llegamos al de hoy. Es el cumpleaños de los sobrinos de Sonia 04. Ayer, nos pasamos buena parte de la tarde, luego de la crisis, en el “Apio Verde” (la casa de regalos para chicos). Sonia 04, tal su costumbre, estaba incapacitada para decidir. Luego de una hora y pico, le dije que dado que sus sobrinos son varones y yo también y algo recuerdo de mi infancia, iba a interceder. Finalmente, compró dos juegos que le aconsejé: uno de mesa de “Piratas del Caribe 2” (gran película, para mí, aunque no se lo dije para no quedar como un estúpido) y otro, también de mesa, que se llama “Pasaporte”, que yo lo jugué de chico en otra versión y permite imaginarse cómo es recorrer el mundo por vía terrestre, aérea o marítima.
Me despierto primero, compro el diario, facturas. Desayuno solo. Rato más tarde, la voz de Sonia 04 desde el dormitorio:
-Pipu…
Voy. Me recuesto junto a ella, la beso. Nos levantamos. Ella va hacia el comedor, donde ya serví su desayuno. Mira la ventana, su boca se tuerce. Y ahora qué, pienso.
-No te puedo creer -dice.
-¿Qué cosa?
-Que está nublado.
-¿Tu hermana vive sin techo?
-No, nene, tienen pileta. Después de todos estos días de calor yo pensé que íbamos a poder disfrutarla.
-Bueno, mi amor, pero no es para ponerse así.
Ella me mira como diciéndome sí es para ponerse así. Prefiero mantenerme callado, entonces.

La hermana de Sonia 04 vive en el country Nordelta, en el Tigre. No soy lo que se dice un fanático, de esos lugares, tanto desde lo ideológico como desde lo práctico. Tenemos que pasar seguridad de ingreso al country, seguridad de ingreso al barrio del country… En un momento, le digo a Sonia 04:
-La gente que vive acá suele quejarse de los cortes de ruta, ¿no? Que son inconstitucionales y la mar en coche.
Ella me mira.
-Digo, porque ellos cortaron el Tigre al medio y nadie dice nada.

A medida que el coche avanza, Sonia 04 señala las casas y dice:
-¿Viste qué lindas?
La verdad, no me lo parecen. A mí me gustan las casas antiguas, tipo las de Palermo, con esos techos altos. Pero no da discutir, ahora.
-La peor de todas es la de mi hermana -dice Sonia 04-. Es insulsa. Tan insulsa como ella y su marido.
Y baja la velocidad. Acabamos de llegar.

Se abren las puertas. Los sobrinos salen despedidos, en busca de sus regalos.
-¡Llegó la tía! -grita Sonia 04.
Etc., etc.

En el almuerzo, el cuñado de Sonia 04 saca el tema de la inseguridad en la Capital Federal. Dice que acá se vive tranquilo. Hace pocos días mataron a Norita en un country de Córdoba, pero mejor no lo comento, en especial porque tendría que tocar el tema del puterío, del cogedero que suelen ser los countrys. En lugar de eso, le susurro al padre de Sonia 04, quien está sentado junto a mí:
-Bueno, la Capital es más insegura, pero acá tienen la mayor densidad de hijo de puta por kilómetro cuadrado de toda la Argentina.
El padre de Sonia 04 se ríe. El cuñado de Sonia 04 me mira, como para que repita lo que dije en voz alta, como esas maestras que aprobaron pedagogía hace más de cuatro décadas. Yo como, en silencio.

Luego de comer, jugamos con los sobrinos de Sonia 04 al “Pasaporte”. Sonia 04 insiste en que memoricen las ciudades y las características que tienen, de hecho se las hace leer cada vez que toca una tarjeta -cuando un participante llega a ellas, le corresponde la tarjeta-, y luego les repregunta para ver si quien leyó y el otro que lo escuchó prestaban atención.
-Es un juego, mi amor -digo.
-No importa, es una buena oportunidad para aprender.

Vamos a dar una vuelta, caminando. Los dos solos. Sonia 04 insiste en que las casas son hermosas. Yo, como hasta ahora el día no estuvo mal, no digo nada. En un momento, Sonia 04 dice:
-Ah, recién hablé con mi mamá.
Lo recuerdo: la madre la llamó aparte a la cocina, para decirle un secreto o, por lo menos, algo que yo no debía escuchar (dado que era la única persona junto a Sonia 04).
-Me dijo que mi hermana y mi cuñado no festejan la Nochebuena, por lo que vamos a venir todos a almorzar el 25.
-No entiendo.
-¿No entendés? Es simple.
-No, no entiendo. Habíamos quedado en que pasábamos el 24 con tu familia y el 31 con la mía…

Abro un paréntesis. Tuve una época de suerte calamitosa, todo lo que tocaba se transformaba en materia fecal. Esa época se cortó luego de que pasara una noche de año nuevo en la casa de la mejor amiga de mi madre. Desde entonces, lo mantengo como cábala: vamos con mi vieja, mi abuela y mis hermanos allá, comemos asado, la pasamos bárbaro, hay muy buena onda. Dado eso, le dije a Sonia 04 que me parecía que, dado que pensamos en vivir juntos y formar una pareja, lo más lógico era pasar las fiestas juntos. Y que lo único que deseaba era que el 31 fuéramos a lo de la amiga de mi vieja, con lo cual en el reparto le quedaba el 24 a la familia de ella. Y, luego, el almuerzo del 25 con los míos y el del 1 con los de ella.

-El 31 vamos a ir de la amiga de tu mamá, Elemental -no dice Pipu, atención.
-Sí, pero quedamos en que el 25 íbamos.
-Bueno, no vamos. Avisale.
-Ya le avisé que íbamos…
-No, yo quiero venir acá. De última vamos, pasamos a saludar y venimos acá, así podemos disfrutar de la pileta.
-Yo no voy a pasar a saludar, nada más.
-Bueno, vamos, yo saludo y me vengo para acá y vos te quedás.
-¿Pero qué carajo te pasa, a vos?
Ella me mira.
-¿Qué mierda te pasa, a vos? Mirá, la verdad que quiero irme.
-¿Cómo?
-Volvamos a la Capital. Ya.
-Pero falta el café…
-No me importa. Me quiero ir.

Volvemos a la casa. Yo apenas traspaso la puerta, y me quedo ahí, cosa de que Sonia 04 no estire la cosa. Ella me mira con furia. Yo le hago una seña a los demás de que nos estamos yendo. Saludamos. Nos vamos.

A ver, cómo explicarlo. El siguiente diálogo -en verdad, casi monólogo de mi parte- se extiende desde que subimos al coche, en el country Nordelta -es decir, el Tigre- hasta Acuña de Figueroa y Lavalle.

-No va más, Sonia 04. No va más.
Ella mantiene silencio.
-Estoy harto. Harto de que decidas todo sola, y que yo te tenga que seguir a todos lados. Y si yo prefiero hacer otra cosa, vos me decís que vaya, que no te molesta. Pero jamás cambiás tus planes para adaptarte a mí. No, vos sos un tanque panzer, que una vez que se fija un objetivo avanza y arrasa con todo. El departamento tiene que ser así, las fiestas tienen que ser así… ¿Te detuviste a preguntarme por qué me jode, cambiar las fechas de las fiestas? Porque mi vieja tiene 59 años, y mi hermano se fue a Mar del Plata para pasar el fin de año, y mi hermana a Santa Clara del Mar. Es decir, mi vieja para esa fecha cuenta sólo conmigo y con mi abuela. Y estoy seguro de que organizó todo de acuerdo a lo que habíamos arreglado, porque ella es tan neurótica como yo. Y no voy a dejarla sola. Ya sé: vos me vas a decir no la dejes sola, andá. ¿Pero sabés qué? Yo en tu lugar diría: no la dejemos sola, vayamos, te acompaño. ¿Te acordás que cuando empezamos a salir vos me expusiste esa regla que te debe haber dicho la pelotuda esa, Gaby, para que la pareja funcionara: quereme, cuidame, acompañame? Bueno, yo cumplí con los tres apostolados, y vos absolutamente con ninguno. No me querés, no me cuidás una mierda -cuando estoy mal me decís que busque analista, en lugar de darme una mano-, no me acompañás. Sin ir más lejos, el viernes ni siquiera llegaste a tiempo a la cena que dijiste que querías venir. No, sos solo vos. Vos hacés la tuya, y los demás te chupan un huevo. Y no me refiero sólo a mí, aunque eso es lo que me importa ahora. No, a vos te chupa un huevo el resto de la humanidad. Porque lo que vos querés, al venir a pasar el 25 acá, es a usar la pileta. ¡Y a vos te parece que yo voy a cagar a mi vieja por una pileta de mierda, porque vos te encaprichaste en que querés usar la pileta! Te chupa un huevo mi familia, la tuya, yo mismo. Te chupa un huevo todo. Vos querías alguien que te quiera, que te acompañe, que te cuide, sí, seguro. Lo que no querías era ser recíproca con el otro.
Las palabras salen de mi boca como si siempre hubiesen estado ahí, esperando la oportunidad de ganar oxígeno, de salir, de rodear a Sonia 04 y sobrevolarla como si se tratasen de aviones kamikaze.
-Yo así no puedo. Buscamos departamento, y tiene que ser como vos querés. Vamos a comer afuera, y tiene que ser como vos querés. Yo no hago drama, no genero problemas, te sigo para que no haya quilombos. ¿Y qué obtengo a cambio? Tu carita de culo si alguna vez oso plantear algo distinto, tus andá que yo no tengo drama. ¡Ya sé que no tenés drama, eso me queda claro! ¡Cómo vas a tener drama si no me querés una mierda, si sólo te importa lo que se te ocurre! ¿Y sabés qué es lo más lamentable del asunto? Que ni siquiera sabés qué querés. Un día decís que sos de izquierda, al otro que querrías vivir en un country. Un día decís que tus pacientes son unos pelotudos, otro que de algunas querrías ser amiga. Un día decís que te gustaría probar otras cosas, pero no tenés la más reputa idea de cuáles son esas cosas. ¿Sabés por qué no lo sabés? Porque perdiste el rumbo hace rato, nena. Vos necesitás gente que te cague, como Edgardo. ¿Sabés para qué? Para hacerte sentir menos cagadora de lo que sos. Pero yo no te voy a cagar, no me voy a poner en ese rol en el único juego que sabés jugar.
En un momento, estamos cruzando la General Paz, Sonia 04 habla por primera vez desde que salimos de Nordelta y yo no paré de hablar.
-Basta -dice-. Ya te entendí. Soy un monstruo. Me estás diciendo que yo soy un monstruo y vos un buen tipo.
-Minga, yo no estoy diciendo eso. Yo estoy diciendo lo que hacés, lo que hiciste. Si a eso le corresponde la etiqueta de monstruo, vos lo sabés mejor que yo. ¿Pero sabés algo? No me voy a callar una mierda, porque hace tres meses y medio que te vengo soportando todos tus desplantes, que no me extrañás, que te molesta que te llame, que me hablás de tus ex novios. Tengo las pelotas por el piso.
Sigo. Sin embargo, a medida que el monólogo continúa va cambiando de sentido. La angustia comienza a invadirme, la furia cede terreno, y eso se nota en mis palabras.
-Te di todo lo que me pediste, loco, y no me das una mierda. Te digo que para mí es importante lo de las fiestas, y te encaprichás con una pileta de mierda. ¿Qué te pasa? ¿Qué carajo es lo que recorre tus venas, ácido?
Y entonces sí, la pregunta que me carcome desde hace meses:
-¿Qué es lo que hay en mí que no me podés querer, que me tratás tan mal?

Cuando entramos en el departamento, los dos lloramos. Yo intento sostener una postura digna, tomo las cosas de ella y se las voy alcanzando. En un momento, me abraza y dice:
-Perdoname.
Me separo.
-No, no te perdono una mierda. ¿Sabés por qué? Porque todo esto se puede evitar, pero vos no estás dispuesta a hacerlo. Vos podés no ser un monstruo, si esa es la etiqueta que querés ponerle, pero no te animás. No te animás a estar bien, y en ese capricho pelotudo terminás por arrastrarme.
-Yo quiero que me recuerdes bien.
-Como una loca de mierda, te voy a recordar.
-No seas así.
-¿Que yo no sea así? ¿Ahora también, me tengo que adaptar a vos? Andate, por favor.
Ella toma las cosas. Llora desconsolada. Gira. Me abraza. Dice:
-Por favor no me dejes. Te prometo que voy a cambiar.
-¿Me lo decís en serio?
-Sí, Pipu, te lo digo en serio.
Supongo que alguien que soportó todo lo que acabo de decirle y que encima quiere quedarse, tiene intención de cambiar. Por otro lado, está el irresistible deseo de querer creer, comprobar, que ella me quiere, me puede querer.
Entonces la beso.

Habíamos quedado en ir a cenar a lo de mi vieja. Llegamos tarde. Mamá y mi abuela me preguntan por cómo me va en el trabajo, cómo va lo de la editorial. Supongo que perciben que estoy mal de ánimo, pero no dicen nada. En un momento, mi vieja me pregunta si fui al médico a hacerme los controles. Recuerdo, entonces, que como estábamos pensando en vivir juntos con Sonia 04 pensamos en compartir la prepaga. Yo le aconsejé Swiss Medical, que es donde yo estoy, y ella averiguó, pero le dijeron un precio más alto que el que yo pago.
-Ah, no sabés -le digo a mi madre-. Sonia 04 estuvo averiguando para pasarse a Swiss Medical, y le pasaron una cuota superior a la mía. Para mí que le computaron los aumentos, ¿no?
-Sí, debe ser eso -dice mamá con autoridad, de un tiempo a esta parte el costo de las prepagas se transformó en su especialidad.
-No, Pipu -dice Sonia 04-, ya te dije que me la promotora me dijo que a ese valor había que subirle, después, los aumentos.
Mamá se queda en silencio un microsegundo. La conozco, sé que puede pensar en forma vertiginosa. Sin embargo, no espero su pregunta a Sonia 04:
-¿Pero vos cuántos años tenés?
-37 -dice Sonia 04.
Es decir, mi mentira de que salía con alguien de 35 acaba de irse al cuerno.
-Cuando cumplís 36 te cambian de categoría -dice mamá, que me mira como diciendo ya vamos a hablar.
-Mirá vos -digo, y deseo que la tierra me trague, que se termine de una buena vez este puto día.
-¿Y cuándo cumplís 38, Sonia 04? -pregunta mamá.
-Ahora, en un mes -dice ella.
-Ah -dice mamá, y no agrega más nada.
Mamá mira a mi abuela. Mi abuela la mira a ella. Sonia 04 me mira. Yo miro el plato.
Ya lo dije: deseo que este día termine cuanto antes.

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Responses

  1. con todo respeto, tu todavia crees que una mujer de casi 38 años va a cambiar???
    ay por dios…

  2. Aninima,

    no, ya no creo. Pero aquel 17 de diciembre, aún sí.

  3. Genial!!!
    Genial la manera de contar tu historia, no lo que te pasó, claro. Atrapante, con suspenso.
    Desde el jueves en que descubrí tu blog (si!, con un año de atraso), no puedo dejar de leerlo. Me costó salir hacia mi trabajo. Y este fin de semana estará casi integramente dedicado a leerte.
    “Buen viaje” se llamaba la versión que jugaba de chica (soy del 71 también).
    Sigo leyendo…


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