Posteado por: Diego Grillo Trubba | 25 marzo, 2007

Sonia 04: Cumpliendo ritos

Domingo.

Me despierto a eso de las 10, Sonia 04 sigue durmiendo. No me jode, pero me incomoda el hecho de que me quedé a dormir en su casa, que no dispongo de mi compu -ni de ninguna otra, ya que la de Sonia 04 está en el dormitorio, no podría encenderla-. Tomo sus llaves, salgo, voy a comprar facturas y el diario. Desayuno solo. En algún momento, escucho desde el dormitorio:
-Pipu…
Y voy.

Partimos hacia Ezeiza, donde se ubica un predio de UPCN. Sonia 04, si bien no trabaja para el Estado, es socia de la obra social del sindicato. Herencia del padre. En el viaje comienza a contarme todos los beneficios del lugar, y su necesidad de estar rodeada de verde. Al llegar, hay fila de coches para entrar. Cuando finalmente es nuestro turno, Sonia 04 muestra su carnet y pide una entrada para ella y otra para un invitado. Cuando nos dicen el precio, me asombra. Aunque luego vuelvo en razón: hace tiempo que los sindicatos dejaron de ser para los trabajadores.

El primer punto es dónde estacionar el coche. Sonia 04 encuentra un lugar, a la sombra de unos árboles. Apaga el motor. Tomo las cosas para bajar, y cuando estoy por hacerlo escucho:
-No, acá después va a dar el sol.
Arranca. Comienza a circular, y putea a todos los conductores que llegaron antes que ella. En un momento señala un coche que está estacionado, con varios árboles que lo flanquean.
-¿Ves? Ahí, tendría que haber estacionado.
-Probablemente eso es lo mismo que pensó el tipo que lo hizo, y mucho de los que llegaron entre él y nosotros -digo.
Avanzamos en el coche. Finalmente, hay un predio en el que el Volkswagen Gol puede quedar guarecido por árboles. Sonia 04 estaciona. Apaga el motor. Tomo las cosas para bajar, bajo. Sonia 04 también. Sin embargo, ella lo hace con la cabeza erguida, mira hacia todas partes, y de repente dice:
-No, acá no.
-¿Por? -pregunto.
-Nos queda muy lejos de donde deberíamos estar.
-¿Y qué problema hay si caminamos un poco? Vinimos a, entre otras cosas, caminar, ¿no?
-Acá no -repite.
Sube al coche. La sigo. Estaciona a unos 100 metros del lugar. Apaga el motor. Esta vez, precavido, le pregunto:
-¿Acá sí?
Ella, manos al volante, mira hacia las familias que ya están almorzando -y yo tengo tanto hambre-, y dice.
-No, estos van a poner música.
En total, estacionamos en siete lugares diferentes, hasta que al final digo:
-Mirá, Sonia 04, tengo mucho hambre.
Ella me mira. Sus facciones se endurecen. Un minuto de silencio.
-Bueno, está bien -dice.
Y, al fin, bajamos.

Encontrar una mesa para almorzar es otra odisea. Los factores que hacen que, una vez que me siento y acomodo las vituallas, Sonia 04 pida que cambiemos de mesa, pueden ser:
-Hay personas que escuchan música;
-Está muy cerca de una cancha de fútbol, y se escuchan los gritos;
-En algún momento puede dar el sol;
-Está alejado de las parrillas (detalle: no tenemos nada para cocinar a la parrilla);
-Etc.
-Etc.
En un momento, ella se levanta para buscar otra mesa y camina unos pasos. Descubre que me quedo sentado. Me mira.
-Yo me quedo acá, Sonia 04. Es verdad, a setenta metros hay personas, pero no creo que sea el fin del mundo.
Sus facciones se angulan. Creo que no puede creer que le esté haciendo frente -oposición, diría- a sus deseos. Gira, camina.
-Yo voy a seguir buscando.
Mientras se aleja, abro los paquetes con comida. Saco un choripán, que ahora apenas está tibio.
Cuando Sonia 04 regresa, se asombra de que no la haya esperado. Dice que encontró otro lugar, en la otra punta del club.
-Mirá vos -digo, inmóvil en mi asiento.
-Encontré otro lugar -repite, con tono enojado.
-La comida está muy rica. Un poco fría, pero rica -digo.
Sus ojos me taladran. Finalmente, se sienta. Toma un choripán, y comienza a comer.

Durante el almuerzo, me dice que viene a este club desde chica. Dice, también, que venía con Rafael. Y que venía con Hernán. Que venía, incluso, con Edgardo.
-Pero él era casado -digo-. ¿Cómo hacían para venir en fin de semana?
-Él era profesor de educación física, y le decía a la esposa que tenía que ir a entrenar gente.
-Pero qué lindo -digo.
Muerdo el sandwich de vacío. Comprendo que, al venir acá, acabo de cumplir con uno de los ritos que Sonia 04 le impone a sus relaciones. Rito que se ocupa expresamente de aclarar, por cierto.

Al terminar de comer, comienza la odisea por busca un sitio donde tirarnos a tomar sol. Similar al estacionamiento, similar a la mesa para almorzar. Esta vez, como estoy sobre aviso, me quedo en el tercer puesto, alejado del resto de la gente. Sonia 04 sigue caminando, en busca de otro lugar. Yo leo. Primero no me concentro, me pregunto qué hago acá con semejante hinchapelotas, pero luego me abstraigo del entorno: una de las ventajas de la literatura, capaz de arrancarnos del peor de los purgatorios. No sé cuánto tiempo pasa, pero en un momento una bocina me llama la atención. Alzo la vista: Sonia 04 a bordo de su Volkswagen.
-Encontré otro lugar para estacionar -dice-. Y ahí está bárbaro para tomar sol.
Podría hacer, decir tantas cosas. Sin embargo, me pongo de pie, tomo la reposera y voy hasta el coche. Ella arranca.

Estoy molesto. Intento leer, pero ya no puedo concentrarme. La miro: ella toma sol en silencio. Hago una prueba: me pongo de pie, me alejo unos pasos. Ella no se percata. Aprovecho, y continúo alejándome. Me pierdo entre los árboles.

Recorro el club y me pregunto por Sonia 04. Recuerdo la frase de su padre, ayer: es una versión empeorada de la madre. Me pregunto cuánto podré soportarla. Me quedo mirando cómo unos chicos juegan al fútbol, son bastante buenos. Luego de un rato, emprendo el regreso al oasis que encontró Sonia 04.

Cuando llego, ella está de pie.
-¿Dónde estabas?
-Me fui a dar una vuelta. Vos tomabas sol.
Ella tiene los rasgos normales, como si se hubiera ablandado luego de tanta locura. Me abraza. Me besa. Me muestra mi novela.
-Estoy por terminarla -dice-. ¿No me la leés vos?

Leo en voz alta los últimos capítulos. Yo, sentado en la reposera. Ella, recostada sobre una lona. No es falsa modestia: los últimos capítulos son los mejores de la novela, lo dijeron todos los que la leyeron, es la parte más divertida. Esos lectores tardaron, en promedio, entre uno y tres días para leer el libro. Sonia 04 lleva mes y medio. Son detalles.
Cuando arribo al final en el que el protagonista se entrega a la policía por un crimen que cometió su madre, con el único objetivo de vivir alejado del resto de la sociedad, cuando le digo terminó, ella llora.
-¿Qué te pasa? -pregunto.
-Que elegiste encerrarte -dice ella.
Y es cierto. En aquel momento de mi vida, cuando terminé esa novela, decidí encerrarme en mis sentimientos. Son esas cosas, las que me hacen querer a Sonia 04, que se pone de pie y me abraza y me besa y dice:
-No te vas a encerrar más, ¿no?
-No, eso ya está totalmente superado -miento.

Sonia 04 me enseña a manejar. Aprovechamos que mucha gente ya se fue, que el camino está despejado, y me ubico tras el volante. Ella da indicaciones, yo obedezco. Ella se asombra de que no cometo ningún error. La verdad, yo también me asombro: la última vez que lo intenté fue desastroso.
Tras el volante, las cosas se ven distintas.
Sonia 04, por ejemplo: mientras me indica qué hacer con los cambios, cuándo poner segunda, etc., me parece linda.
Miento: me parece la mujer de mi vida.

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Responses

  1. ¿y qué leías?

    Discrrsonia

  2. Discresonia,

    no recuerdo el título. Sé que era algo para reseñar para el diario, solamente.

  3. por favor: dejate de jugar con los templates y postea másssss!!!!!

  4. maybesonia,

    hoy descubrí que se puede jugar con los templates… Como el PC Futbol funciona mal, le estoy dando duro a esto.
    ya vendrán posts… hoy, lo prometo.
    igual, te digo: sos insaciable, el que posteé hoy a la mañana es larguísimo.


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