Posteado por: Diego Grillo Trubba | 15 septiembre, 2006

Sonia 03: Un tren a toda máquina

Bueno, podría incluir acá los siguientes chats y conversaciones telefónicas con Sonia 03. Releí, pensé, y la verdad que son más de lo mismo que ya colgué en los post anteriores, y si bien el humor se vale de la reiteración también tiene como herramienta fundamental la sorpresa, así que resumiré a riesgo de que no sea gracioso, pero con el aliciente de que lo otro sería peor (ofrezco los chats a quien tenga necesidad de leerlos, claro, sólo tienen que pedirlos por mail, pero reitero: es más de lo mismo).

La cosa crece a pasos agigantados, ella dice en tono de broma ¿ves que no me entendés? como si fuera una novia, y se ríe, y yo me río, yo la cargo con que en nuestro encuentro voya estar de mal humor y me voy a levantar e ir, ella me recuerda que estaba desnuda, ella remarca que tiene pánico de que yo le resulte horrendo o que ella me resulte horrenda, la noche del jueves le digo no doy más, veámonos ahora, pero ella no quiere, dice que si la cosa no resulta podemos ser amigos, le informo de que tengo suficientes amigos, que ella como amiga no me interesa. En fin.

Una tarde envío un mail general con el aviso de que daré inicio a un nuevo ciclo de taller literario. La verdad, no me fijo a quien lo envío: es simplemente la totalidad de quienes figuran en la libreta de contactos. En el mail figura mi teléfono celular…

Comentario al margen. También se lo envío, sin querer, a una de las que no llegaron a Sonias, quien me escribe muy ofendida diciendo: puedo entender que nunca me hayas respondido, pero no que utilices una página del corazón (sic) para luego tener una forma de promocionarte. Le respondo, le pido disculpas por haberla incluido involuntariamente. Nunca me responde.

…regreso a casa del trabajo, y mientras camino por la calle suena el celular. Leo. Mensaje de texto. Sonia 03. Ahora tengo tu celu!, dice. Quizás debería sentirme como Michael Douglas ante Glenn Close, pero lo cierto es que me resulta tierno. Le respondo, me responde, hace gala de su ingenio y yo de repente me estoy riendo a carcajadas en medio de la Plaza de Mayo, de pie sobre un pañuelo blanco pintado.

Al día siguiente, mensaje de Sonia 03, muy temprano, mientras espero el colectivo para ir al trabajo. Hola nene, quería desearte un buen día. Viajo en el colectivo con una sonrisa bobalicona en el rostro, sin darme cuenta de que ese colectivo se ha transformado en un tren que avanza a toda máquina a descarrilarse, como el de Bruce Willis en Unbreakable (El protegido, creo que se llamó acá).

Y al día siguiente, claro, la cita. Pero eso mañana.

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