Posteado por: Diego Grillo Trubba | 11 septiembre, 2006

Sonia 02: Encuentro y despedida

Llamo a Sonia 02, arreglamos un encuentro. Bar 6, dice, en Palermo Soho. Recuerdo que es el mismo sitio donde íbamos a encontrarnos cuando me anuló la cita, y mis piernas tiemblan. 6 de la tarde, dice. Podría hacer un juego de palabras entre Bar 6 y las 6 de la tarde, pero la verdad que no da.

Voy a la cita, pero la verdad que no siento mucho entusiasmo. Me baño, cumplo la mitad de las cábalas, pero no sé si quiero que triunfen. No sé, quizás sea que me dejó plantado, quizás que su aparición estuvo demasiado relacionada con Sonia 01, quizás que los astros no me ayudan a estar voluntarioso en estos días. Camino al encuentro, me detengo en un kiosco y compro tabletas de mentol (quizás, me digo, al fin sea promisoria y nos besemos). En un rapto de optimismo, mientras el chico del kiosco me cobra, le digo:
-Y dame una caja de preservativos. Ultrafinos.
Hay una regla de oro: quien lleva una caja de preservativos a una cita, no la utilizará; quien no la lleva, deberá comprarla de urgencia. Quizás es por eso que la compro.

Llego al lugar donde me dijo que está el bar. Y no hay nada. Tomo mi celular, llamo pensando en que es una venganza por mi enojo de la semana pasada. Me dice que estoy bien ubicado, que ella tiene un retraso (aún no nos conocimos, por lo cual el hecho de que tenga un retraso no me preocupa), que cuando llega me llama para ubicarme.

Luego de un rato, suena el celular. Es ella. La veo. Me ve. No me gusta. No le gusto. No es que ella sea fea, que no lo es, ni que yo sea feo, que no sé si lo soy. Simplemente, no nos gustamos.

En todo momento ella remarca que estamos ahí por el café con Bayleys que me debía por la carta natal que le hice. En todo momento muestro interés sólo por sus opiniones acerca de mis escritos. En un instante, ella dice yo estoy fuera del mercado de la búsqueda de parejas. Yo digo yo también. No sé si ella miente, lo cierto es que yo sí. Creo que ambos intentamos quitarle dramatismo al hecho de que no hay onda, y lo cierto es que nos divertimos, nos reimos, y nos despedimos sin siquiera prometernos que nos volveremos a ver.

Al menos, me digo mientras vuelvo a casa, valió el intento.

Y al menos Sonia 03 revolotea por ahí.

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