Posteado por: Diego Grillo Trubba | 28 agosto, 2006

El amor como coincidencia

Por algún motivo que desconozco, las coincidencias hacen al amor. Y cuando digo hacen me refiero a que lo construyen. Las coincidencias son, por así decirlo, la piedra fundamental del amor.
Supongamos que conocemos a una mujer (si sos lectora, suponé que conocés a un hombre, o, si tu orientación sexual lo exige, una mujer… perdón, casi lo olvido y no deseo enfrentarme a minorías: si sos hombre y homosexual, imaginá que conocés a un hombre… dicho sea de paso: si sos lesbiana, acá contás con un gran fanático). Salimos a tomar algo (por tomar algo puede entenderse también una cena, o el cine, o acercarse a hablar en una reunión o boliche), y a partir de ese momento el diálogo flota en el aire, se deja llevar por el viento de las intrascendencias hasta que en un momento aparece la frase mágica que indica que la cosa puede elevarse de nivel: ¿en serio? yo también. Lo que genera la frase puede ser tanto que uno acaba de decir que es militante del Partido Obrero como que alguna vez visitó la isla de Martinica o que cuando era chico jugaba a las escondidas. No resulta relevante, es apenas una excusa para que se produzca la coincidencia. La otra persona abre un poco los ojos, sonríe con interés, y nos invita a seguir el diálogo. Mejor dicho: nos invita a que continuemos tirando puntas hasta que se produzca la siguiente coincidencia.
Incluso en los levantes más orientados a la pura trifulca sexual, la coincidencia es necesaria. Dice uno: me gustás. Dice la otra: ¿en serio? yo también. Ok, reconozco que este ejemplo es un poco forzado, pero cuando elaboro una de estas teorías me encapricho.
Desde mi punto de vista, la búsqueda del yo también no es otra cosa que egoísmo. Lo que intentamos es descubrir cuánto nos reflejamos en el otro. La coincidencia, en cierto sentido, reduce al otro a un objeto. Y ese objeto es el espejo.
Bueno, al leer los mails de Sonia 01 siento que las coincidencias laten. Y, si no me equivoco, a ella le sucede lo mismo.
Estamos interesados, de alguna forma, en el otro. Es decir, cada uno en sí mismo.

Anuncios

Responses

  1. Vengo leyendo tu blog a mil, lo descubrí hace una semana, (vía cita a ciegas) y me gusta mucho, esta es la primera ves que comento y lo hago porque me llamo mucho la atención descubrir, que en mi lo que postulas en este post es todo lo contrario, que yo busco la atracción a través de las diferencias, es mas, creo que la relaciones (amorosas, amistosas, bah todas) se cimientan en las diferencias, exponerlas, enarbolarlas, hacerlas comprensibles, atractivas, entrañables, ese es el juego, en general las personas parecidas a mi no me atraen, y no por ver en otro cosas que no me gustan de mi (a veces si) si no porque a esa persona ya la conozco y quizás creo que puede aportar lo que yo también puedo, (acá me estoy haciendo el sicólogo que no soy) en cambio en los diferentes a mi esta la extensión,
    Habiendo dicho todo lo anterior no podía faltar esta aclaración, tengo dos hijos, y en ellos tengo la suerte de ver muchas cosas mías en cada uno, y por supuesto esta es la gran excepción, la maravillosa excepción, aun cuando los compadezco por algunas de esta características, pero mientras pasan los años (mis hijos ya no son ningunos niños) ellos que ni físicamente son parecidos entre si, van encontrando su fortaleza de hermanos otra ves a través de las diferencias, y lo que antes fue tema de conflicto hoy es de entendimiento… Ok me fui por las ramas
    Retornando, este es mi pequeño aporte, a mi modesto entender, las coincidencias puede que buenas conversaciones, pero las diferencias buenas relaciones, obvio existe un out of the range, semita y antisemita o cosas parecidas están destinadas a el fracaso y así otro tipo se diferencias extremas
    Un abrazo

  2. Estoy pegadísima con tú página!! (bueno, apenas voy por aquí, pero es que estoy leyendo poco a poco para que no se me acabe) Cuando sea grande quiero ser como tú! =P

  3. Nada mas queria acotar un “yo tambien”, creo q a todos nos habra pasado eso de entusiasmarnos con las coincidencias más triviales.. hay algunas que tal vez si tenga sentido valorizar, como coincidir en el gusto por el mismo tipo de películas, pero decir cosas como “yo tambien le pongo limon al té” me hacen revolver el cerebro.
    Es verdad lo que decis, ese entusiasmo por verse en el otro se parece menos al amor que al puro narcisismo. Y eso que me ha pasado.

  4. He aquí la universalidad a la que me refería, nos dejaste con dos palmos de narices…reflejados en tu espejo literario, conmovidos por el sentimiento universal de egocentrismo. Muy bueno!! Gracias.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: