Viernes 20 de junio.
Nos encontramos en un bar. Lo propuse yo, por lo que supongo que Sonia 14 debe calcular cómo viene la mano.
El tema de los ámbitos propicios para las rupturas resulta espinoso. Por regla general, es más conveniente un espacio público donde haya extraños. La ventaja de una elección como esta es que, ante la mirada de los demás, la persona rechazada no podrá insultarnos ni agredirnos físicamente -todo muy lindo durante la relación, pero planteás un corte y andá a saber cómo reaccionan-. El contrapeso es que, si la persona plantada se pone a llorar con desconsuelo, las miradas ajenas se posarán en uno, quien pasará a transformarse en un villano de telenovela -¿por qué hace llorar así a esa chica?- cuando en verdad puede tener motivos más que justificados para esa ruptura -¿no te das cuenta de que cuando te reís hacés un silbido insoportable, que me avergüenza?-. Por otro lado, está el tema de las palabras que se dirán. Como consejo, lo mejor es plantear “mirá, la cosa no va, no sé qué me pasa, pero no va”, que resulta un reemplazo aceptable y digno del “no sos vos, soy yo” que evitará que la persona del otro lado de la mesa intente reparar los errores que le recriminaríamos y, sabemos, nunca podrá cambiar. Una frase como esa da por tierra con las falsas esperanzas, lo cual siempre es positivo.
Sonia 14 me espera sentada a una mesa junto a la vidriera del bar de Avenida de Mayo y Chacabuco, Martínez. Me retrasé al salir del diario. Lo bueno, pienso, es que cuando diga lo que tengo que decir su reacción se reducirá porque las miradas ajenas no serán sólo de la gente del bar sino también todos los que caminan por la calle, o quienes hacen la fila para esperar el colectivo.
La saludo con un beso en la mejilla. Me siento. Ella menea la cabeza.
-¿Ibas a desaparecer? -pregunta.
-No sé lo que me pasa… -intento.
-Dejate de joder. Sabés lo que te pasa. Me conociste en un trío, me viste chuparle la concha a otra mina, y eso te incomoda.
-No sé lo que me pasa, la cosa no va.
-Y te jode que Sonia 13 te dijo que siempre fui lesbiana, lo cual es cierto. Y te jode que te dijo que me quiero acostar con hombres -para el caso, vos- porque ya llegué a una edad en la que quiero formar una familia.
-No sos vos, soy yo -lanzo el salvavidas que me queda a mano.
-Eso también es cierto, Elemental.
-¿En serio?
-En serio. Ir a un banco de esperma me parece degradante.
-Ah -podría decir “¿y hacerte coger por un tipo que no sabe la que se le viene no es degradante?”, pero no puedo, no alcanzo a articular palabra.
-Además, coger con vos me gusta.
-No quiero tener hijos -digo, y casi me lo creo-. No así, al menos -trato de darle realismo a mi discurso.
-Y no los tengas.
-Pero si vos quedás embarazada de mí…
-No, nene, podemos coger y cuidarnos.
-…
-No voy a pinchar forros ni nada de eso, quedate tranquilo. No sé si quiero un hijo que se haga tanto problema por todo.
-¿Entonces?
-Entonces nada. Nos seguimos viendo. Y no nos olvidemos de Sonia 13.
-Sí, lo que me pasó el viernes pasado fue terrible…
-Me contó. Fue terrible, y ya pasó. No vas más a la casa de ella. Punto.
-No, si eso ya lo sé.
-Nos encontramos los tres en la tuya.
-¿Qué?
-¿Por qué nos vamos a perder eso si la pasamos bárbaro?
-…
-No seas tonto.
-Es que conocí a alguien.
-¿En serio?
-Bueno, todavía no la vi.
-¿Y entonces qué conociste?
-Nada, me escribió por el blog…
-¿Qué blog?
-Dejá, yo me entiendo. Me escribió un mail.
-O sea, no la conociste.
-Bueno, casi.
-Dejate de joder. Decididamente, no quiero tener un hijo tuyo.
-Mejor.
-Sí. Entonces, ¿te parece que nos encontremos la semana que viene?
-…
-No somos celosas, Elemental.
-…
-¿A dónde vas?
-Otro día hablamos.
Me levanto. Me voy. De repente, comprendo que no tengo la más puta idea acerca de dónde estoy parado.
