Sábado 19 de abril.
Sonia 13 llega a las 9 y media. Bajo a abrir. Ulises, cuando me ve, gruñe. Sonia 13, por suerte, sonríe.
-Me retrasé, disculpá -dice.
Subimos. Apenas entramos al departamento, ella me manotea el paquete, se arrodilla.
-Estoy medio apurada, pero me encantaría hacerte un petito.
Petito, potito. Esto se está haciendo monótono. Para peor, con diminutivos.
Sonia 13 rodea mi pija enhiesta con sus labios. Succiona. Cierro los ojos. Al abrirlos, veo a Ulises que, sentado cerca nuestro -yo estoy con la espalda contra la pared del comedor-, observa. Jadeante, observa.
-Pará -digo.
Separar a Sonia 13 de mi pija no es fácil. Tiro con suavidad primero, luego con un poco más de fuerza.
-Hoy estás como loco, qué lástima que no podemos… -dice Sonia 13, con la cabeza de la pija apoyada sobre su labio inferior, con lo que se escucha algo así como hog egtag gogo gogo, etc, etc.
-No, digo que no -digo.
Ella mi mira, arrodillada. La pija ya no en su boca. En su mano. Pajea con suavidad.
-No, dejá, si no tenés tiempo dejá.
-Pero Elemental…
-No importa -digo, mientras me subo el pantalón.
-Pero te juro que me gustaría, Elemental.
-No te preocupes, en serio.
Poco después, Sonia 13 se va.
Ulises queda, claro.
***
Ulises gruñe.
-Te compré un regalo -digo.
Ulises mira. Ve el paquete que saco del placard. Le muestro el bucito que le compré. Un bucito para perros. Azul, borde rojo. Lo compré sobre Florida, lo vendían en la calle y me dije “es para Ulises”.
Mientras se lo acerco, temo que sus fauces ofendidas engullan mis manos. Pero no. Se lo deja poner. Lo más difícil es pasar las patas delanteras por los agujeros. Una vez que completé la operación, me alejo unos pasos y lo miro.
Ulises mueve la cola.
***
Por la noche, vemos un capítulo de Los Soprano. Ya la vi, pero estoy volviendo a verla. La idea surgió cuando me di cuenta de que la cabeza de Ulises me recordaba a la de Tony Soprano. Creo que él se da cuenta del parecido, porque mira la serie sentado junto a mi sillón.
Mientras, comemos pizza. Calabresa. A Ulises parecen gustarle mucho los pedazos de longaniza.
***
Por la noche, siento un peso en las piernas. En medio de la penumbra, entreabro los ojos y miro hacia abajo: Ulises se subió a la cama y apoyó su cabeza sobre mis pantorrillas.
Luego, ambos seguimos durmiendo.
