Una noche de viernes cualquiera hace un par de años se improvisó una fiestita íntima en casa. Éramos 30 personas aproximadamente y entre ellas había dos mujeres que me llamaban poderosamente la atención: una era una australiana agraciada, de prominentes pechos, que pasaba su última noche en Buenos Aires antes de partir para su Melbourne querido. La otra era una chica argentina, de nombre Malena, que me reclamaba constantemente no reconocerla a pesar de haber intercambiado algunos besos con ella hacía algunos meses durante una fiesta llena de excesos de la cual no recuerdo prácticamente nada.
La fiesta transcurrió normalmente, ambas habían dado claras señales de no querer irse a dormir solas, por lo que sólo restaba decidir dónde debería poner las fichas. No era una situación sencilla, era rojo o negro, una bola, sólo una chance, éramos demasiados pocos como para apuntalar un tema y definir con pierna cruzada. Definitivamente la australiana me gustaba mucho más y, por otra parte, no la volvería a ver nunca más, por lo tanto decidí tomar ese camino.
Su contrincante al leer correctamente el panorama comenzó a ganar terreno mediante sugerentes mensajes que indicaban a las claras promesas de una gran noche. Alrededor de las 5 de la mañana todos decidieron ir a un bar muy conocido que queda a tres cuadras de mi casa, hacia allá partimos en malón pero durante el camino Malena aseguró no sentirse muy bien y me pidió que la acompañe a tomar un té a La Madelaine, un siniestro restaurante 24 horas ubicado en Santa Fe y Rodríguez Peña, a una cuadra de distancia de mi casa.
En menos tiempo del pensado me encontraba encerrado en el baño de mujeres del restaurante enroscado con la señorita y olvidando por completo el sueño australiano. La falta de preservativos, el permanente paso de personas que se veían por debajo de la puerta y la incomodidad del lugar me hicieron sugerir un cambio de lugar urgente.
Sin pedir la cuenta dejé $10 sobre la mesa, agarré mis cigarrillos y a Malena de la mano y partimos para casa. A los pocos pasos me dice que no se sentía tranquila en casa, que yo vivo con 3 amigos y que no se sentía muy cómoda, por lo que recomienda ir a su casa, donde podíamos tener mucha más privacidad. Sinceramente a mi me daba lo mismo así que no me opuse a la idea.
Luego de cruzar Callao y caminar un par de cuadras le pregunto la dirección de su casa, a lo que me responde: -Vivo en el Tigre. Ya habían pasado las 6 de la mañana, mi estado de borrachera era lamentable, el sol comenzaba a asomarse en la ciudad, mi cansancio se hacía cada vez más evidente. Le respondí que de ninguna forma iría hasta el Tigre, el fantasma australiano comenzaba reaparecía con fuerza.
Malena comenzó a llorar, dijo que si realmente quería estar con ella, no debería tener problemas en ir hasta el Tigre, que el colectivo 60 nos dejaría a sólo dos cuadras de su casa, que era perfectamente razonable, que cuando nos despertáramos me podría llevar a lugares secretos donde podríamos comer el mejor almuerzo del mundo a la vera del río, etc. Sus lágrimas me conmovieron y después de sugerirle sin éxito ir a un telo o un hotel, llegamos a la parada del colectivo 60. Está claro que antes de cruzar la avenida Las Heras ambos estábamos desmayados en el último asiento del colectivo.
El sol en la frente no fue lo que me despertó. Un ruido ensordecedor comenzó a lastimar mis oídos, no entendía lo que pasaba, era confuso y caótico. Pude abrir el primer ojo y vi decenas de colectivos idénticos estacionados uno al lado del otro, simétricos, exactos, con una prolijidad casi geométrica. Al abrir el segundo ojo pude ver a Malena gritándole al chofer del colectivo acusándolo de haber sido cómplice del robo. Durante nuestro largo letargo algún amigo de lo ajeno le había quitado su cartera con todas sus pertenencias: documentos, tarjetas, dinero, llaves de la casa, etc.
Intenté calmarla y al ver que esto resultaba imposible la tome del brazo, la bajé del colectivo y recién en ese momento decidió cambiar gritos por lágrimas. Algunos minutos más tarde, pasada la desesperación inicial y viendo que el reloj acusaba un poco más de las 10 de la mañana, aprovechamos que estábamos en la terminal del colectivo 60, decidimos ir hasta el centro de Tigre, buscar un locutorio y comenzar el rosario de denuncias correspondientes.
Al llegar al teléfono público ubicado en una cabina de un kiosco infecto, ella intentó comenzar a hacer los llamados pero el llanto permanente se lo impedía. Entré a la cabina, la senté sobre mis piernas y me dediqué a calmarla mientras que ella, entre sollozos, realizaba las denuncias correspondientes. Terminado ese trámite me dice que quiere hablar con la madre, le pregunto si ella tenía copias de las llaves, pero me responde que no, que no existen copias de la llave, por lo tanto le pregunto, no de muy buen modo, para qué quería llamar a la madre… en ese momento el gimoteo se convirtió en un llanto desesperado. En el locutorio me miraban los demás clientes como quien mira al demonio, el cajero del locutorio me inspeccionaba con la rigurosidad de un cirujano esperando algún movimiento de mi parte.
Luego de una caótica charla con la madre y, por supuesto, más llanto salimos del locutorio, yo exageraba mi buen modo para que todos se den cuenta que no era un golpeador y que mi intención era ayudarla. Incluso tenía ganas de decirles a todos aquellos que me miraban acusadoramente que ni siquiera era mi obligación ayudarla pero que resultaba ser una persona humanitaria y que, también es verdad, aún no había perdido la esperanza de tener un poco de buen sexo.
El sol indicaba que el mediodía estaba llegando, salimos a la caza de un cerrajero que pudiera abrirnos la puerta y cambiarnos la cerradura. Al encontrar uno y explicarle la delicada situación el detestable sujeto me mira, sonríe aunque sin diente de oro, apoya su mano en mi hombro y me dice: -dejame la dirección, andá yendo nomás que en más o menos una hora yo voy a estar por ahí… pero te va a salir caro, eh?-. No tenía muchas opciones, salimos de la cerrajería un poco más calmados por suerte, pasamos por un cajero automático, saqué algo de efectivo para mí, bastante para prestarle a ella puesto que le habían robado las tarjetas y el documento por lo que no iba a poder sacar plata del banco durante la semana tampoco, y mucho para el cerrajero.
Nos sentamos en un escalón de la escalera de entrada a su casa y luego de una hora llegó el cerrajero con tres amigos, un taladro gigante, una caja de herramientas y varias cañas de pescar. Comenzaron con su quehacer hasta que todos nos quedamos inmóviles por los ruidos de un vehículo que se aproximaba a gran velocidad, a los pocos segundos vemos una camioneta muy grande y vieja que dobla esforzadamente la esquina haciendo rechinar sus cuatro gomas. Malena se queda pálida. Los cerrajeros absolutamente inmóviles. La camioneta se detiene bruscamente delante de la casa y en un solo movimiento baja de ella un hombre de dimensiones especialmente crecidas, totalmente calvo, con anteojos negros y un cigarrillo pegado al costado de la boca.
- ¿qué le estás haciendo a mi hija? – me pregunta desafiante caminando en dirección hacia mi persona.
- La estoy ayudando, pedazo de pelotudo- le respondo sin pensarlo y sabiendo que ese día no iba a terminar sin derramamiento de sangre.
- Andate para atrás – me dice Malena y continúa –es papá y está completamente loco.
Los cerrajeros abandonaron por un instante su postura inmóvil y tomaron sus herramientas para salir corriendo si la situación lo ameritaba. Malena se abalanza sobre el padre intentando que no llegue hasta mi persona. Resultaba evidente mi derrota anticipada, mi peso sería de 40 kilos menos que el del orangután y me excedía en altura unos 25 centímetros como mínimo. De todas formas, yo apostaba por mí, el malhumor que tenía era suficiente como para noquear a Atila y a todos los hunos con la mano izquierda.
Los gritos de la hija detuvieron al mastodonte blanco mientras los cerrajeros me miraban como haciéndome saber que ellos no iban a intervenir ante una eventual escalada de violencia, incluso el jefe –me di cuenta de su rango porque era el único que no trabajaba- me pide el dinero de forma adelantada “por si pasaba algo”. Finalmente el padre abandona el lugar vociferando por la ventana de la camioneta amenazas varias a mi persona, a las cuales, por supuesto, respondía y desafiaba.
Ya pasadas las tres de la tarde los cerrajeros terminan su tarea, entramos a la casa, me sentía agotado, exhausto, sucio. Me ofrece algo para tomar, le digo que no quiero nada pero igual prepara unos mates. Me tiro en un sillón que cruzaba el living de la casa, siento que me quedo dormido. Suena el timbre, me despierto exaltado. Por miedo a que sea nuevamente el padre Malena espía por la cortina. -Es mi hermano- me dice con cara de emoción. Le pedí, le rogué, le supliqué que no lo atienda, que sólo quería estar con ella, que hacía doce horas estábamos a dos cuadras de mi casa en el baño de un bar en pecaminosa actitud, que había sido un día muy largo.
Haciendo caso omiso a mis demandas le abre la puerta, lo abraza y le dice: -¡menos mal que viniste! Me sentía tan sola con todos estos problemas.- Él me mira, no estaba desconcertado por el comentario, todo lo contrario, con una sonrisa leve se jacta del comentario de su hermana. Se sienta al lado mío, le estiro la mano para saludarlo y él sólo atina a darme dos palmadas en mi rodilla. Comienzan a hablar de cualquier cosa hasta que por alguna razón nombré la palabra “auto” y sus ojos comenzaron a brillar mientras me comentaba el resultado de las últimas treinta carreras de Turismo Carretera y me preguntaba si yo era “pistero”.
Envalentonado por la charla y con ganas de “irse a ver unas picadas de autos” el hermano abandona la casa y afortunadamente quedamos solos nuevamente. Ya eran las 5 de la tarde, yo había citado a 15 amigos a comer un asado en casa esa misma noche, porque el martes salía de viaje por tres semanas. Sabía que sólo tendría tiempo para un “rapidito”. Ella estaba sentada en una silla en frente mío, la tomo de las muñecas y la acerco suavemente hasta el sillón donde yo estaba recostado, comienzo a besarla e a poco y a desnudarla rápidamente. Luego de un inesperado y traumático periplo iba a tener mi recompensa, la cual a esa altura ya ni siquiera me entusiasmaba demasiado.
-Tengo que bañarme antes – me dice y lo comprendo. Yo también lo hubiese hecho si me lo hubiera ofrecido. Comenzó a buscar ropa para cambiarse en el baño. No entendí bien para qué si yo se la iba a volver a quitar en cuestión de segundos.
Otra vez me despierto exaltado, pero esta vez no por los gritos de Malena, incluso su voz se había endulzado notablemente. –te quedaste planchado, dormilón- me dice cómplice. Miró desesperadamente por la ventana. Era de noche. Pregunto la hora. La vuelvo a preguntar. Miró nuevamente por la ventana. Era de noche. Vuelvo a preguntar la hora. Estaba muy transpirado, el calor del verano, sumado a la humedad del Tigre y a la poca ventilación del sillón generaban un microclima virulento.
Eran las ocho y media de la noche. Sólo me despedí de ella con un beso en la frente, le pedí que no se levantara para acompañarme hasta la puerta. Caminé desesperadamente hasta encontrar un taxi que me llevara al centro. Llegué a casa junto con el primer invitado y, por supuesto, sin haber tenido sexo.
-¿Dónde estabas? La australiana me preguntó varias veces por vos- me preguntó mi primo. No les respondí, no estaba listo para la chacota. A los pocos minutos llegaron el resto de los invitados, los cuales comenzaron a insultarme por modificar el menú de asado a empanadas. Les pedí una tregua para bañarme. Después del sexto whisky me quedé profundamente dormido. El martes volé a Asia, nunca más la vi a Malena. Nunca más respondí ninguno de sus correos.

me gustó mucho. y muy bien escrito. está entre mis preferidas con la de veronica. los dos a la final.
Por: eliana el 4 Marzo, 2008
a las 12:58 am
Hola! Que fea la actitud de esta chica!!! No te agradeció el hecho de haberla acompañado ni nada???
¨Me sentia tan sola con estos problemas¨ ehhh???
Mas conozco a la gente y mas quiero a mi gato (es que no tengo perro), ja!
Besos, Vero.-
Por: Vero el 4 Marzo, 2008
a las 12:59 am
Naaaaah!
Ahí tienes tu sexo fácil
JAJAJAJAJAJAJA
Por: kitkatmarie el 4 Marzo, 2008
a las 1:45 am
Cómo me reí con esta historia. Increíblemente bien contada y definitivamente es una cita horrible.
Saludos.
Por: Rayuela (antes Luna) el 4 Marzo, 2008
a las 7:19 am
¿Cuándo comienzas a escribir de nuevo Elemental?
Extraño leerte.
Saludos.
Por: Rayuela (antes Luna) el 4 Marzo, 2008
a las 8:21 am
Rayuela, el lunes, y en tiempo real.
Por: Elemental, o DGT el 4 Marzo, 2008
a las 9:37 am
Curda Floja: mi mas sentido pésame ….. no podes tener tanta mala leche!!!!!
Por: luli32 el 4 Marzo, 2008
a las 9:58 am
Un poco de mala suerte, pero son las anecdotas que a uno le gusta contar cuando se juntan con los amigos.
Disfrute mucho leyendola, pero no creo que sea la peor de las que leí.
Por: . Mariano el 4 Marzo, 2008
a las 10:39 am
Jajajajaja ! parece una comedia de enredos!!!!
Todo eso pasó en una noche y un día?
No se si es la más triste, pero es muuuuy rica esta historia
Por: lunis el 4 Marzo, 2008
a las 10:59 am
Me gustó, estuvo bien escrita y fue definitivamente una mala cita.
Por: Romina el 4 Marzo, 2008
a las 11:24 am
Está buenísima la historia… o no, justamente, es horrible. Tenía razón Elemental en que teníamos que esperar a leerlas todas.
Esperamos ansiosos al lunes con los posts en tiempo real.
PD: Aguante La Madelaine!!
Por: Boo el 4 Marzo, 2008
a las 11:48 am
Che! No se rían, pobre flaco! A mí de leerlo nomás me da angustia. Que espanto andar toooodo el día así lejos de tu casa, incómodo y con una desequilibrada. Ta bien, uno puede argumentar que él quiso seguirla en un principio, pero convengamos que la pagó carísimo!!
Por: Muchacha Pies de Gorrión el 4 Marzo, 2008
a las 12:08 pm
Gracias a tod@s por sus condolencias, antes de enviarle el relato a Elemental pensé lo mismo que la Muchacha Pies de Gorrión: “bueno, en definitiva yo tuve la culpa de todo. La noche y el día no son más que una larga secuencia de malas decisiones mías.”
Pero creo que el robo de la cartera modificó radicalmente el panorama, no la podía dejar sola en el medio del Tigre sin plata, sin teléfono, sin llaves.
Por: Curda Floja el 4 Marzo, 2008
a las 12:44 pm
Me encantó. Bien escrito. Espantosa cita.
(creo que por momentos me tenté, acordándome de un amigo que siempre dice “el sexo no es gratis, nunca”)
Por: may el 4 Marzo, 2008
a las 12:55 pm
Vaya!!!
Después de todo lo que pasaste si que fue ingrata Malena! Pero se merece que no le respondas los correos muy mala mina…
Saludos desde mi cielo!
Por: cielo azul el 4 Marzo, 2008
a las 3:37 pm
Es terrible confesarlo, pero uno se ríe mucho con estos relatos de las desgracias ajenas. Genial este último. Realmente unas 24 horas de mierda, eh; lo que se llama una mala cita.
Para mí tiene el segundo puesto caaaaasi asegurado. Pero, insisto, una mala cita de tres días es peor que una de un día entero. Ja.
Por: Mariano el 4 Marzo, 2008
a las 3:44 pm
Curda (¿se te puede llamar así?), muy buen relato. Pasé por tu blog y me gustó mucho.
Saludos
Por: Fedet el 4 Marzo, 2008
a las 4:11 pm
Bueno. Me gustó como está relatado, pero como mujer me solidarizo con Malena.
La “cita” fue terrible, pero si usted no concretó sus expectativas sexuales es porque se quedó dormido, mi amigo.
La chica no tiene la culpa, che!
Por: Ayoween (la Colo) el 4 Marzo, 2008
a las 5:30 pm
Cómo puede ser que no tuviera problemas en un baño público pero si en tu depto por tus amigos? Mucho llanto todo el tiempo … se supone que uno sale a divertirse, no a hacerse dramas encima por gente que ni siquiera conoce bien.
… qué lucha!
Por: alevs el 4 Marzo, 2008
a las 7:51 pm
Pobrecito! tan caballero y sin recompensa.
Por: clarice el 5 Marzo, 2008
a las 2:30 pm
uhh, mientras lo leia tenia unas ganas de matarla.
vos, un genio.
Por: lunatica el 7 Marzo, 2008
a las 12:47 am
Che, a menos que tipee dormida, cosa que no recuerdo, mi favorita no es ni esta ni la de Verónica.
(ta buena igual eh)
Por: eliana el 7 Marzo, 2008
a las 1:42 am
Curda, tremeeeeenda la hitoria… pero coincido en que en gran parte fue tu culpa! La verdad es que tu “peor cita” fue una de las mejores… me diste mucha penaaaaa…
ósculos
Por: Flora el 8 Marzo, 2008
a las 2:21 pm